FRAN ESCUDERO
No fue un buen partido pero sirvió para que Valencia Basket Club lanzase un claro mensaje a toda la ACB. Y es que para ganar a este equipo no sólo hay que estar acertado, sino también dejarse el alma en la pista. Tal vez eso fue lo más destacado de una victoria, ante todo, útil para el futuro y que supone el mejor inicio liguero de los últimos nueve años.
El choque respondió a lo que se esperaba de dos equipos que aspiran a más en esta liga y cuentan con jugadores de calidad en sus filas. Algo más en el conjunto local, al que sin embargo le costó mucho entrar en el partido e imprimir el ritmo que requería un enfrentamiento de estas características. El cuadro guipuzcoano, por su parte, encontró en estos primeros compases en Panko y Barbour un seguro de vida para convertir casi cada ataque en canasta (12-19, min. 6). A Neven Spahija no le gustaba nada lo que veía, sobretodo en la defensa individual sobre estos dos hombres, por lo que optó por reajustar el equipo. Como si de una pócima milagrosa se tratase, el VBC transformó por completo su rendimiento sobre la pista y se convirtió en una muralla infranqueable para los de Pablo Laso.
Ese reajuste defensivo le permitió, por fin, comenzar a crecer en ataque y dotar al juego de la velocidad necesaria para sacar a relucir todas sus virtudes. El parcial de 12-0 en apenas tres minutos fue un fiel reflejo de lo que se vio sobre la cancha (24-19, min. 9). Ahora era Laso el que se veía obligado a parar el choque ante lo que le venía encima. Afortunadamente para él, ese tiempo muerto unido al final del primer acto permitió al Lagun Aro coger el aire necesario para no marcharse del encuentro antes de lo previsto. Eso, y que Rai López se erigió en referente para sus compañeros cuando peor estaban las cosas. Pero el cuadro taronja había cogido la directa y, aunque le faltó afinar para hacerse dueño absoluto de la situación, las sensaciones invitaban al optimismo antes del descanso (43-35; min. 20).
Pero tras la reanudación los valencianos encontraron más problemas de los previstos para superar la defensa vasca (48-45; min. 24). Pareció sólo cuestión de tiempo, el necesario para que De Colo volviera a leer la nueva situación en pista (62-50; min. 28). Aún así, el juego seguía sin mejorar y eso si que era inquietante, sobre todo en un último cuarto en el que el GBC fue capaz de darle la vuelta al choque con un parcial 2-15 (64-65; min. 33). Al margen de los errores propios, Bernard Hopkins, a quién La Fonteta no se le da nada mal desde que dejó el conjunto taronja, tuvo mucho que ver en esa remontada. Precisamente ahí fue cuando llegó la hora de su ex pabellón, que comenzó a apretar en una comunión perfecta con su equipo. Pero todo se iba a complicar mucho más con la quinta personal de De Colo (68-65; min. 37). Esto obligó a Spahija a realizar todo un encaje de bolillos para no cargar a Simeón con la responsabilidad de dirigir al equipo en un final de auténtico infarto. Si que se la dio a Rafa Martínez, capaz de eso y mucho más. El de Santpedor se echó el equipo a la espalda demostrando que su técnico había tomado la decisión correcta en un momento casi critico.