Emery ya ha decidido. Se queda con Jordi Alba. Me siento afortunada y positivamente abrumado por la decisión tomada por el entrenador del Valencia, pero haría bien el doctor Toni Giner en practicarle una autopsia de esas que hacen en CSI, no vaya a ser que nos lo hayan cambiado por otro —al entrenador digo—. Sé que ha sonado un poco bruto lo de la autopsia, pero la noticia me tiene como loco, y desconfiado como soy, pues desconfío. Desconfío primero y pienso después. Y me doy cuenta de que soy injusto, porque el bueno de Emery tiene un ´canyaret´ encima que pedirle a estas alturas según que cosas, hasta resulta excesivo —¡que fuerte! cada día soy más ´nenaza´ escribiendo—. Lo que pasa es que eso es precisamente lo que me llama la atención, que con la que cae, Emery apueste por un chaval. Dicho de otra manera, si yo mismo fuera entrenador del Valencia y sólo tuviera un año de contrato, no sé si me atrevería con los chavales. Es más, estoy convencido de que esas energías de valiente de las que hago gala a menudo, las dejaría guardadas en el saco donde los Barricada guardan los besos. Por lo tanto, llego a la conclusión que desde la desconfianza la neurona preguntona ha dado en el clavo; Emery actúa como tiene que actuar a la espera de que quien tiene que actuar ahora, actúe. Por ejemplo, Emery tiene a Jordi Alba y Banega, cuenta con el primero, pero con el segundo no. Por el primero se pega media primera división y por el segundo nadie pregunta. Conclusión, si no mete presión, lo mismo fruto de la simpleza del mercado le toca quedarse con los que no cuenta simple y llanamente porque no tienen equipo. Tiene razón Emery, lo que toca es quedarse con los que quieren todos —que por algo será— y dar salida a los que no quiere nadie —que por algo será—. Es el turno de Fernando. Y lo tiene complicado, que menuda herencia...