Hasta que se demuestre lo contrario, en el fútbol hay dos leyes absolutas que no fallan nunca y que por lo tanto podemos tomarlas como verdades matemáticas, tales que si se dan las circustancias adecuadas se cumplen tan irremediablemente como que ´dos más dos son cuatro´. La primera ley matemática en el fútbol es que cuando juegas en la Cueva de Alí Babá te puede pasar de todo y que lo más probable es que te roben el partido. La segunda ley es que cuando juegas en tu estadio contra el Real Madrid lo más probable es que te roben el partido también.
Pero por mucho que les pese a los madridistas, el fútbol no es una ciencia exacta y hay veces que hasta el Valencia es capaz de superar atracos como del Ushiro Nage de la Cueva de Alí Babá y acabar ganando una Liga que estaba predestinada para el primer Madrid galáctico de Florentino. Lo anterior debe servir para que nos demos cuenta de que en el fútbol todo es posible y que las páginas en las que está escrita su historia están repletas de valientes que un día levantaron la bandera del convencimiento y desde el corazón desafiaron a la lógica para no darse nunca por vencidos por muy poderoso que fuera su rival. Y así fue como se salvó del descenso la temporada pasada el Sporting de Preciado o como el Liverpool de Benítez remontó un 3-0 en contra ante el Milan en una final de la Champions. Pero sobre todo, así fue como metió la pierna Palermo el otro día para darle la victoria a Argentina y gritarnos a todos que si él jugara en el Valencia lo último que haría sería perder la fe, aunque enfrente esté el Barcelona de Guardiola y aunque no estén ni Villa ni Marchena. Palermo no sabe de matemáticas, por eso me gusta tanto. UNITS CONTRA EL BARÇA!