Un buen amigo le dijo una vez a mi colega Pau Fuster una frase tan acertada que mi neurona preguntona y yo no podemos evitar reir cada vez que la recordamos. El caso es que casualmente Pau se acercó a las oficinas del Valencia un día en que se estaba cociendo una bronca de las que hacen época por culpa de la prensa —una de tantas—. Total, que aparece Pau, saluda en plan educado pero con la antena puesta y de repente se come un marrón sin saber ni por dónde ni por qué caían las ´yoyas´.
Desde entonces, a Pau le llamamos Don Inoportuno. En esta vida si tienes el don de la inoportunidad como Pau te comes una bronca sin tener nada que ver en el asunto. Pero si tienes el don de la oportunidad, hasta puedes conseguir que un estadio tan duro como puede llegar a ser Mestalla se rinda a tus pies. Eso hizo Albelda anoche. Soy de los que pensaba que el de la Pobla Llarga nunca lograría cerrar del todo la herida abierta con la grada, no porque no quiera yo, simplemente por el componente irracional que hace que este deporte sea todo lo grande que es para lo bueno y para lo malo. Ya lo he dicho alguna vez, y hoy lo digo de nuevo; si el valencianismo estuviera dividido entre ´albeldistas´ y ´antialbeldistas´ yo no estaría ni con unos ni con otros, pero también digo que prefiero cerrar heridas y pasar página, sobre todo si el gran beneficiado es el Valencia.
Sé que lo que acabo de escribir le va a tocar las narices a mi coleguita Bárbara, pero es lo que pienso. Que nadie cuente conmigo para más guerras civiles, por lo que a mi respecta Albelda es un jugador del Valencia que se ha ganado la titularidad con argumentos futbolísticos y ha sabido aprovechar la lesión de Marchena para beneficio del equipo. No sé si al contrario que Pau, Albelda tiene el don de la oportunidad, pero sí sé que ha ganado una batalla él solito y que no seré yo quien se lo niegue. ¡A jugar!