Tengo un colega que es del Levante y con el que no hablo nada de fútbol porque queremos seguir siendo colegas. Ahora que dicen que cumplen cien años, me gusta cantarle una canción de la Cabra Mecánica que se llama, precisamente, ´Todo a cien´: «Ni tú eres la princesa de este cuento ni a besos vas a convertirme en rana» —él tiene menos gusto para la música, porque me canta una canción de Fernando Esteso: «La cabra, la cabra...», pero yo le digo que no ofende quien quiere, que «xoto ¡y a mucha honra!»—. La cuestión es que la última vez que hablamos de fútbol me dijo que es muy fácil ser del Valencia en Valencia, «lo difícil es ser del Levante en Valencia». Yo quise decirle aquello tan sugerido y recordado por los valencianistas de que es más fácil ser del Levante porque en el fondo puedes ser también del Real Madrid o del Barcelona y así celebrar algo de vez en cuando, pero creo que no habría sido justo por mi parte. ¡Precisamente él que es de los pocos que conozco que son del Levante y no del Madrid o del Barcelona!
Me miro en el espejo
La cuestión es que anoche me acordé de mi colega el granota y de su teoría de que es fácil ser del Valencia. Amigo granota, hoy no es fácil ser del Valencia, cierto que el domingo sí lo será porque le ganaremos al Almería del madridista Hugo Sánchez, pero hoy no. Hoy me gustaría ver la cara que hace cualquiera de los valencianistas que anoche fue a Mestalla sabiendo que habían palmado el Barcelona, el Real Madrid y el Villarreal y esperando ver a su equipo ganar para reírse durante todo el día de hoy. Les imagino con la misma cara de tonto con la que tropecé anoche cuando me miré al espejo después de cenar viendo un capítulo de ´Aquí no hay quien viva´ para olvidar las penas. Sí, frente al espejo había un tipo pasmado porque la noche perfecta se había convertido en NOCHE TONTA. O mejor dicho, la noche perfecta había salido rana... Así de duro es el fútbol a veces con los valencianistas... ¡Una noche perfecta termina convirtiéndose en rana!
El sapo de Albert Pla
Resultó un partido aburrido, ante un rival que es una castaña —algunos jugadores rápidos sí tiene el Slavia, pero poco más—, y que terminó en un empate soso que apenas dice nada y que encima complica la clasificación para la siguiente ronda de la nueva UEFA. Ya para rematar la faena de la noche perfecta deriva en sapo gordo y al Guaje se le va la pinza y le sacan una tarjeta roja —cierto que apenas toca al jugador checo—. Total, que como canta Albert Pla, «si me caso me transformo como en ese cuento aquel sapo que por un beso se convierte en príncipe encantado y así por un beso de su princesita también y me vuelvo en todo lo que usted quiera. Porque yo por amor soy capaz de mandar a la mierda mis firmes principios de republicano, cambio de camisa y rindo pleitesía a la monarquía, ¡que viva el amor».
Esas rubias
En fin, que el tonto del espejo había previsto comerse hoy unos buenos calamares a la romana de picar y una paella de Pato de segundo y al final se ha tenido que conformar con un par de rubias checoslovacas de Praga... ¡Que no está tan mal! —Por cierto, para todos los mal pensados, me estaba refiriendo a dos cervezas...—.