Dicen que Alejandro Magno fue el primer imperialista que ha dado la historia porque fue el primero que se puso a conquistar territorios a saco. Empezó por unificar la Grecia clásica desde su Macedonia natal, después les metió caña a los persas —esos que en la película ´300´ luchaban contra los espartanos que gritaban lo de ´Amunt, Amunt, Amunt!´— y al final llegó hasta la India en un afán absurdo y disparatado de fundar ciudades con su nombre allá donde paraba su caballo; Bucéfalo decía ´me paro aquí´ y él llamaba a ese lugar ´Alejandría´.
El tal Alejandro el Grande, hijo de Filipo, murió en Babilonia en el año 323 antes de Cristo. Se desconoce el paradero de su necrópolis y tampoco está del todo clara la causa de su muerte, pero sí parece haber consenso en el significado de su legado porque en él se inspiraron primero Aníbal —que reventó Sagunto— y Julio César después. De Alejandro tomó Carlo Magno su apellido y en las andanzas del primer monarca franco se inspiró Napoleón para autocoronarse rey absoluto del cielo y de la tierra. Luego llegó el loco de Hitler que quiso instaurar su III Reich como continuación del Sacro Imperio Romano y el Imperio Alemán y de similar manera Mussolini creyó ser un nuevo emperador romano.
He buscado los orígenes de Alcorcón y he encontrado esto: «El territorio de Alcorcón estaba enclavado en la zona geográfica de los Carpetanos que, como otros pueblos celtíberos, se resistieron durante más de 100 años a la dominación romana». En pocas palabras, si los de Alcorcón ya les dieron palo a los romanos hace más de 2.000 años, los imperiales Guti, Benzema, Drenthe y compañía eran unos pelagatos a los que reventaron sin necesidad de poción mágica alguna. Por otra parte, no quiero comparar, pero no me negarán que Florentino tiene un toque de iluminado Ser Superior al más puro estilo Napoleón reencarnado en emperador del cielo y la tierra cuando dice aquello de «los valores universales del madridismo...». Queda claro que Alcorcón es de otra galaxia... ja, ja, ja.