Lo bueno que tiene el fútbol es que cada semana hay partidos y que si ganas tres o cuatro y te convences de que eres el Rey del Pollo Frito va la pelotita caprichosa y te devuelve a la tierra. Es bueno que la pelotita te recuerde de vez en cuando lo que de verdad eres para que no te creas capaz de hacer lo que no te corresponde. El zapatero a sus zapatos y el pastor a sus ovejas... o a sus vacas. Y como de ventajismos baratos ya está lleno el mundo, no seré yo quien apriete hoy más de la cuenta, porque al fin y al cabo es razonable el argumento de que el entrenador no está en el campo cuando sus futbolistas hacen el primo. Sí, lo digo como lo pienso, ayer hicimos el primo y no fue el entrenador. En mi pueblo a la falta de concentración y a los relajamientos innecesarios les llamamos hacer el primo o el primavera, lo que pasa que si presumes de ganar en Málaga con un gol de David Navarro, pues tienes que aceptar también como propio el empate de ayer aunque durante todo el partido no hayas superado la línea de la zona técnica.
Y que no piense la peña que intento decir veladamente que Emery no asume como propio el empate de ayer, digo que son las reglas del juego para bien y para mal. Y partiendo del punto de que hace tiempo le prometí al entrenador que en lo que a mí respecta se acabaron los ventajismos, pienso que es buen día para decir que no pierdo la fe si el equipo es capaz de extraer del partido de ayer que en esto del fútbol si haces el primavera hasta un partido que parecía idílico en el Edén se convierte en un infierno del que algunos se reían.
Tanta fe tengo, que hasta me atrevo a confesar que, aunque muy poco a poco, Emery está consiguiendo convencerme de que es el entrenador ideal que puede tener el Valencia dada la situación que atraviesa el club, porque el hombre aguanta carros y carretas y sigue currando como un campeón. Y de ello estoy tan convencido como que el del Valencia no es el mejor entrenador del mundo, pero tampoco es el Valencia el mejor club del mundo, ni Mestalla el mejor estadio, ni yo el mejor ´arrejuntaletras´. Ni probablemente Llorente el mejor presidente, aunque coincidimos todos en que es la persona ideal para sacar esto adelante. Total, que el asunto se ha puesto de tal manera que habrá quien diga que el presidente debería hacer como hace su entrenador y colocarse en la puerta del autobús y aplaudir a todos y cada uno de los miembros de la expedición para que no se depriman... Y todo porque no estamos acostumbrados a que un presidente pegue una rajada sobre los cambios que hace su entrenador —probablemente Llorente no lo vuelva a hacer y espero que así sea—, aunque los resultados demuestren que al equipo no le ha venido mal que quien manda olisquee y llame a capítulo a su entrenador a cuantas reuniones crea necesarias.
Hasta me dan ganas de decir que no viene del todo mal caerte de la parra de vez en cuando, pero sucede que me canso de ser hombre. Y sucede que me canso de mi piel y de mi cara y sucede que se me ha alegrado el día al ver al sol secándose, en tu ventana: tus bragas. Y sucede, sobre todo, que nos estamos jugando la clasificación, y eso es más serio de lo que parece. Confesada por tanto mi creciente y reciente y sincera confianza en el amigo Unai, sólo me queda esperar que aprenda que la templanza es buena virtud para ejercer de líder sobre todo cuando las cosas van bien. Piénsalo.