Se supone que si llevo un tiempo diciendo que no cuenten conmigo para guerras civiles y que prefiero cerrar heridas pasadas y mirar al futuro porque es lo que le conviene al Valencia, estoy obligado a utilizar el mismo rasero para todo, y fundamentalmente para todos los futbolistas que, de una manera u otra, han formado parte de la historia reciente del Valencia y que por lo tanto se han visto obligados a posicionarse, —o los han posicionado—, a un lado de la trinchera. Desde ese punto de partida, hoy toca hablar sobre Ayala, que vuelve el domingo a Mestalla, otra vez, y con la camiseta del Zaragoza. Vuelvo al inicio de estas líneas y me veo a mi mismo diciendo que aplaudamos a uno de los mejores defensas centrales de la historia del Valencia, pero mira por dónde que no me lo pide el cuerpo. Y yo puedo ser un gilipollas integral y un antimadridista recalcitrante que disfruta tocándoles las narices a los blancos, pero chico, si no me lo pide el cuerpo, pues no me lo pide y no se habla más. Porque puede que tenga una neurona preguntona que esté absolutamente enloquecida y puede que sea la culpable de mi renqueante salud mental, pero les aseguro que el cuerpo lo tengo muy sano —es lo que tiene beber cerveza—, y que cuando mi cuerpo dice no, es que no. Dicho esto, me he puesto a preguntarme por qué el cuerpo no me pide escribir una serie de cosas sobre Ayala y he llegado a dos conclusiones. La primera porque todavía no se me ha olvidado el día en que el Villarreal hizo oficial su fichaje. Y la segunda porque tampoco se me ha olvidado el día en que el Zaragoza hizo oficial su fichaje. Por cierto, me veo en la obligación de rectificar una cosa escrita hace unas cuantas líneas. En mi opinión Ayala no ha sido uno de los mejores centales del Valencia, ha sido el mejor. Ah, y a Benítez no lo tiran, todo lo contrario (si no lo digo reviento).