Lo mejor que hizo Paco Roig fue depertar a la gente y convencerla de que el Valencia es un grande que, como mínimo, está obligado a pelear por ganar títulos. No sé por qué, pero da la impresión de que hemos tenido tanto miedo a la desaparición del club por causas económicas —créanme, ha sido una posibilidad real— que entre todos aceptamos fielmente que ser cuartos y entrar en Champions es nuestra realidad, y que a ella debemos ceñirnos sin calentarnos más la cabeza.
Da la impresión de que el único que de verdad le está exigiendo al equipo es Manuel Llorente, que —cierto que metiéndose en terrenos en los que no acostumbramos a ver a un presidente— le hace unos marcajes asfixiantes al entrenador para hacerle ver la necesidad de no cometer errores dadas las circustancias económicas, ¡he ahí la paradoja! No estoy pidiendo que Llorente se transforme en Paco Roig —no hay más que tirar de hemeroteca para saber que no se soportan— porque lo cierto es que bastante tiene el hombre en salvar al Valencia cada día dada la herencia recibida —que él se compromete cambiar, todo sea dicho—, lo que estoy diciendo es que ese papel les corresponde a otros del club a los que veo demasiado conformistas desde que llegaron. Alguien debe sacar a la gente de sus cómodas y oscuras cavernas y hacerle ver que el Madrid y el Barcelona siempre han sido superiores y que si el Valencia es un grande es porque no se conforma ¿Acaso alguien pensaba que el Valencia de Benítez podía ganarle la Liga al Madrid del recién galáctico Zidane? Por lo que a mi respecta, que nadie me diga un día uno de noviembre que sólo podemos ser cuartos. Eso sí, espero que los jugadores no me dejen hoy con el culo al aire.