A estas alturas de la temporada ya nadie discute la titularidad de Pablo Hernández en la banda derecha. El de Castellón ha adelantado a Joaquín por la derecha, por la izquierda, por delante y por detrás. Es un hecho. Y es tan irrefutable que casi podríamos partir de él como un dato matemático al que nada se puede objetar en términos futbolísticos y de merecimiento deportivo.
Pero la suplencia de Joaquín esconde muchos matices y algunas aristas. Tantos y tantas, que si a día de hoy tomamos la titularidad de Pablo como una realidad irrefutable —que no inmutable— hemos de tomar también la actitud de Joaquín como otra realidad irrefutable que esperemos no mute por el bien del equipo. Lo que trato de decir es que me quito el sombrero ante la actitud de Joaquín más allá de que el centro o el regate de turno le salgan bien. El gaditano le manda un mensaje al entrenador en cada partido —y en cada entrenamiento—y le dice que puede contar con él para lo que sea, y tal como yo lo veo, es uno de los primeros síntomas de que la cosa puede funcionar.
Alguno me acusará de hacerme ´peras mentales´, pero mi experiencia en esto del fútbol me dice que cuando un tipo como Joaquín asume que su condición es ´ser útil al colectivo por encima de todo´, estamos sentando las bases de lo que puede ser un equipo campeón. O como mínimo uno que peleará hasta el final, que con eso ya me conformo. Joaquín es ahora la estela a seguir por otros compañeros de vestuario para hacer bueno aquello de que un equipo es una suma de voluntades y sobre todo, es el ejemplo palpable de cómo un vestuario puede autogestionarse para bien y en favor del bien común creando una corriente a la que no puede decir que no. Que le pregunten a Emery...