El entrenador del Valencia no quiere ruido en el vestuario. El entrenador del Valencia aspira a tener un vestuario perfecto, bonito y agradable. Un vestuario que huela a rosas. Por esa querencia suya del vestuario ideal —que muchos no compartimos— se ha dicho de él que no coge el toro por los cuernos. Puede ser, recuérdese que afortunadamente no es Mourinho, y que antes del Valencia solo ha entrenado al Lorca y al Almería, donde todo era bonito —o al menos eso nos contaron de él allí—, pero lo cierto es que en estos momentos me da igual si Emery coge el toro por los cuernos o si cuando sale el morlaco le pega un pase digno de puerta grande y se va a por la espada con el pelo engominado y la chulería por montera. Visto lo visto, no ponerse en plan ´torero tremendista´ —delante del toro y arrodillado— puede ser también una manera de torear un vestuario. Una prueba más de que todos los métodos son buenos si se aplican bien, —y que todos los métodos son malos si se aplican mal—.
No entran moscas
Los que nunca hemos creído en la teoría del vestuario perfecto, ideal, bonito y que huele bien, no tenemos más remedio que callarnos la boca y admitir que es posible un vestuario del Valencia en el que haya una especie de bien común que cumplir más allá de los objetivos personales. Y tenemos que admitirlo porque sin ir más lejos, el vestuario del Valencia ahora se parece mucho a un vestuario unido y con un objetivo común. De hecho, estoy plenamente convencido de que ésa es la clave por la que podemos presumir de equipo y pensar con los pies en el suelo que como Madrid y Barcelona hagan el tonto, le pegamos un bocado a la Liga con permiso del Sevilla. Lo digo como lo pienso, si este Valencia nos recuerda en algo al de Rafa Benítez —por aquello de lo rocoso que es atrás y lo bien que sale a la contra— es porque el vestuario, en lineas generales, quiere..
El responsable
Si puede ser que no piense nadie que estoy diciendo que el mérito es de los jugadores y no de Emery. Yo lo que digo es que Emery es el entrenador del Valencia y por lo tanto, es el culpable de que las situaciones personales de cada futbolista se vean reflejadas sobre el terreno de juego como si todas ellas fueran una misma cosa. A eso en mi pueblo lo llamamos hacer un equipo. ¿Qué pasará cuando las situaciones personales de cada jugador sean otras? Eso ya lo veremos...