Hoy voy a escribir de Ronald Koeman porque sé que todavía hay gente a la que le toca las narices y porque me encanta la idea esa de los modernistas de ´pervertir al burgués´. Cuenta la leyenda que antes de la final de Copa que ganó el Valencia hace dos temporadas ya se había tomado la decisión de tirar al técnico holandés. Dicen también que una vez con la Copa en la mano no había ningún ratón dispuesto a ponerle el cascabel al gato y tirar a un entrenador que —malo o bueno— acababa de ganar un título, que, dicho sea de paso, el Valencia sólo había ganado seis veces hasta ese día.
Los malpensados como yo tienen la teoría jamás demostrable de que los jugadores perdieron en San Mamés sólo unos días después y por 5-1 para que el ratón de turno tuviera motivos y valor para ponerle el cascabel al gato, es decir, tirar a Koeman. Y dicen que fue así porque los futbolistas temían que, de seguir con el holandés, el equipo podía acabar en segunda división. Que conste que no estoy informando de que fuera así, simplemente es una teoría personal e intransferible con la que no trato de convencer a nadie aunque si fue así, parece evidente que acertaron. Si uno hace caso de todas esas habladurías, acaba entendiendo lo que pasó en el balcón del ayuntamiento.
El destino tiene muy mala leche y ha querido que el Valencia juegue hoy en San Mamés justo un día después de que tiren a Koeman a la calle otra vez. No sé qué pasará hoy en San Mamés, —espero que el Valencia gane—, pero, a este paso, sí sé lo que va a tener que hacer Ronald Koeman si quiere volver a entrenar, va a tener que hacer como el simpático de Bernardo Schuster, comprarse un equipo de fútbol. ¿Y si se compra el Valencia?