Si no lo había dicho ya, les digo ahora que no hace demasiado que superé la gripe —la A, la B y la C, que desde que fui a Bilbao a un concierto de AC/DC me he vuelto un machote—. Fueron días de mucho quejarme y poco hacer hasta que mi mujer se puso nerviosita —que fue cuando me levanté de la cama—. Una mañana, harto del virus, decidí expulsarlo de mi organismo y así poder estar husmeando en internet cuando ella no estaba en casa. Y allí a solas frente al ordenador y buscando por youtube, encontré a dos tipos muy cachondos que tocan canciones de los Ramones con ukeleles.
Aquello me abrió los ojos. Pensé que si con una guitarra hawaiana se pueden tocar canciones del primer grupo punk de la historia, hasta yo podría atreverme a según qué cosas, así que llamé al madridista infiltrado y le dije que este año veríamos el partido entre el Madrid y el Barça juntos y sin discutir. He comprobado que dada al vertiente melódica de muchas canciones de los Ramones es relativamente fácil hacer versiones suyas con un ukelele, y que hasta quedan muy chulas, pero me he dado cuenta de que es imposible ver un partido de fútbol junto al madridista infiltrado, cuya impertinencia le puede llevar a decir unas groserías tales que me niego a reproducir en estas habitualmente recatadas líneas. Yo lo celebré...