Ellos quisieran leer hoy que por fin ha llegado la semana en que puedo decir abiertamente que quiero que pierda el Real Madrid porque es políticamente correcto y hasta legal, pero se van a quedar con las ganas porque esta semana no lo voy a decir; primero porque es redundante y segundo y fundamental, porque no me gusta complacerles ni siquiera en situaciones como esta. Lo siento enemigos, es mi pequeña memoria de jóvenes airados, «nosotros que estamos siempre alerta, marcamos la diferencia, sin haceros reverencias».
Mejor hablamos de que el futuro del Valencia está garantizado porque la ciudad anda llena de entrenadores últimamente, lo que pasa es que imagino que es hasta normal cuando aciertas —seguramente yo haría lo mismo—. El caso es que como es normal en la ciudad del silencio después del fuego final, aquí o eres de Emery o eres anti Emery y ni se permite ni tampoco es posible haber criticado al entrenador sin que te pase factura el día en que gana cuatro partidos, que ahí andan ellos tratando de sacar partido para sus enredos.
Total, que el debate ahora está en averiguar de manera fehaciente si la espectacular reacción del equipo se debe al toque de atención que Llorente le dio a Emery —resulta curioso que ahora hasta se llegue a negar el dichoso toque de Llorente a Emery cuando en su momento tanto se criticó— o si fue una cosa de trabajo o inspiración divina del propio entrenador. Como siempre andamos a la gresca, porque de ahí se deduce quien pierde o quien gana... Pobres. Sinceramente, para mí lo importante es que el equipo está lanzado y si es cosa de Llorente o de Emery o de los dos, me da absolutamente igual. Lo dicho, que van a sus enredos...