Tonto de remate como soy —y periodista de provincias a mucha honra—, no consigo entender lo que pasa en el Valencia. Tal vez sea mi propia condición de ser unineuronal la que dificulta el entendimiento de la situación más simple, y seguramente sea esa la causa de que presuma de ser un periodista paleto, pero desde esta mi humilde y pueblerina poltrona, les pido a los catedráticos del periodismo de la M30 que respondan a esta pregunta: ¿Por qué era bueno para el Valencia pedir la renovación de Emery en el mes de diciembre y pedirla en el mes de febrero es malo? ¿Tiene algo que ver con lo que un día mi neurona preguntona acuñó como ´el resultadismo que a mi sí me interesa´?
Es más, ¿qué habría pasado si Llorente —el presidente desobediente como el viento de poniente— hubiera renovado a Emery en el mes de noviembre? Si Llorente —el presidente desobediente como el viento de poniente— hubiera renovado a Emery, ¿los que ya no piden su renovación pedirían ahora su destitución? Sé que me estoy haciendo unas peras mentales importantes, pero chico, es que no entiendo nada.
Así que allá va una bonita fábula de la Polla Records: La cuadrilla de atunes iba por el mar. Apareció un barco que venía a pescar. El jefe de los atunes le preguntó al capitán: «¿Usted cree que el Valencia a Emery debería renovar?». «Me alegra que me haga esa pregunta pececillo que está en el mar», dijo el capitán, que añadió después: «Por supuesto que lo debería renovar. ¡Y hace mucho tiempo ya!». «¡Para el carro, no me digas más!». Y se fueron los atunes al barco cantando y bailando, para que tu te los comas en tu hogar. ¡Ay! qué jodidos los atunes, cuánto sentido comercial, estos listísimos atunes saben una barbaridad. ¡Ay! qué jodidos los atunes iguales que la humanidad, estos listísimos atunes también se dejan enlatar.