Ahora que el viento me viene de cara intentaré ser algo desobediente —como el viento de poniente, revoltoso y juguetón—. Y no por sacar algo de provecho, porque recuerdo perfectamente que mi menda lerenda pedía al personal clemencia cuando el aire venía en contra y también algo de paciencia en pos de la unión. Voy a ser desobediente para intentar terminar con tanto matonismo iluminado y barato. Decía yo —lo creía y lo sigo creyendo— que ya había experimentado en mi propia neurona preguntona demasiadas guerras internas y que estaba un poco hasta las narices y lo sostengo, pero si ahora escribo de fracturas y nuevas escaramuzas es para tratar de poner fin a tanta estupidez en torno a la figura de Unai Emery. De verdad ¡qué pesados!
A mí me da absolutamente igual que David Albelda diga que es una temeridad criticar al entrenador en estos momentos porque nadie le ha preguntado si habría sido una temeridad renovar a Emery el pasado mes de noviembre, como se pidió. A mí me da absolutamente igual lo que digan los jugadores en tirereta y uno detrás de otro sobre la renovación de Emery porque de ellos no espero que digan otra cosa. Sí me llama la atención sin embargo comprobar que los antes promotores ahora se agarran a lo primero que pasa sabedores por tanto de que se pasaron de frenada y que les vale cualquier cosa por poco creíble que suene —como eso que dijo Llorente de que habría hecho la misma alineación—. En todo esto, unos y otros ya sabemos que si Emery renueva o no renueva no será ni por ´los unos´ ni por ´los otros´ y que al final las cosas pasan porque y cuando tienen que pasar. Sería mejor que tratáramos de hacerle la vida más fácil al Valencia pero que ello no suponga que tengamos que decir que el entrenador no tiene la culpa de nada, porque si el entrenador de nada fuera culpable, estaríamos obligados a pensar que Llorente es tonto o es desobediente, ya que debería haber renovado al entrenador hace años... Por cierto, si Emery fuera tan malo, tampoco habría llegado al banquillo de Mestalla.