Lo que toda la vida se ha considerado una comida de los pobres ahora es un manjar. Es la mojama. Me encanta la mojama. Hay pocas cosas que superen a un pequeño plato de mojama con aceite y una cervecita —un pequeño plato de mojama con aceite y dos cervecitas, por ejemplo—. O tres cervecitas...
«Estar más tieso que la mojama» significa no tener ni un duro o también estar reventado —o físicamente muerto—. Y así está el Valencia, tieso como la mojama en lo físico. Y tieso como la mojama en lo económico. Lo de que el Valencia no tiene un duro no es nuevo, aunque no por ello menos importante, pero ahora lo preocupante por novedoso es ver que el equipo no tira. Ya sé que es lo que se dice de todos los equipos del mundo cuando van mal —parece ser que es más barato rajar de los preparadores físicos— y que en lo que al Valencia se refiere, no se puede decir que vaya mal del todo, pero el asunto empieza a preocupar. Como preocupa la sensación ya comentada alguna vez de que en algunos partidos salimos a verlas venir y sin la necesidad interior —o interna— de ganar. Y llegados a este punto, uno se pregunta qué tiene que ver el entrenador en el hecho de que el equipo ande como la mojama o que se pegue alguna siesta de vez en cuando. De hecho, en el caso que nos ocupa, la pregunta debe ser la contraria; ¿las decisiones de Emery ayudan a que el equipo sea más competitivo? Una respuesta totalmente negativa sería demasiado dura para el técnico, y no es así, pero habría mucho que matizar. También podemos preguntarnos qué culpa tiene el entrenador en que algunos jugadores no vayan cara al aire. El entrenador ha de saber dosificar a unos y saber exprimir lo poco que les que da a otros. ¿Me explico?