Vaya por delante que en todo lo que van a leer a continuación, me incluyo yo también. En Valencia somos muy dados a la ceniza y será por eso de que le pegamos fuego a todo y que nos encanta el olor a la pólvora. Cuando digo que somos muy dados a la ceniza me refiero que un día ganamos un partido y ya estamos pensando en que la temporada que viene volvemos a jugar la final de la Champions y encima la ganamos, y al partido siguiente perdemos —o empatamos injustamente y por culpa del árbitro contra el Werder Bremen— y ya pensamos que el equipo es una castaña y que salvo a Villa —y a Mata— hay que venderlos a todos. Vamos, que cuando nos da la gana ser cenizos, podemos ser muy cenizos. Y yo el primero, y de tan cenizo que soy, ayer escribí que no sabía que le convenía más al Valencia, si ir al Nou Camp tratando de rascar algo positivo o si pasar de un partido que es muy complicado no perder y centrar las muchas —o pocas— fuerzas que tengamos en eliminar el jueves a los alemanes estos del Bremen a los que tantas ganas les tenemos.
Los estreñidos
Así que cada uno que haga lo que le dé la gana pero en lo que a mí respecta me quito la ceniza de encima porque no me da la gana seguir con cara de estreñimiento, que para estreñidos ya están los madridistas pensando que el Barcelona va a llegar a la final de la Champions, la va a ganar en sus propias narices y encima la va a celebrar en la Cibeles. Aviso para navegantes que si eso pasa, si el Barcelona gana la Champions en el Bernabéu, en los morros de Florentino y la celebra en la Cibeles, ese día me hago del Barcelona aunque sólo sea durante 24 horas. Pero todo llegará, hoy, y hasta que se demuestre lo contrario, vamos a ganarle al Barça, «¿qué pasa? ?qué pá, qué pá, qué pasa?».