Me gustaría escribir sobre una idea que me ha dado el palitroquero poeta, pero es como mear contra el viento. Me había convencido de que lo mejor sería lanzar un mensaje a los que mandan en el Valencia. Pensaba en la conveniencia de escribir sobre lo que debería ser y no es y sobre lo que es y no debería ser. Estaba decidido a relatar mi indignación sobre la manera en que los aficionados y Baraja se enteran de que el Pipo no va a seguir y sobre la descoordinación que uno puede intuir hay entre presidente, entrenador y director deportivo.
Hasta tenía pensado poner que sería bueno que los tres se encerraran en un cuarto oscuro, o por lo menos no demasiado iluminado y ahí, al margen de evitar el chiste de ´ORGANIZACIÓN´, se dijeran las cosas al oído y bien claritas para después salir ya más desahogados y dispuestos a trabajar por el Valencia y dispuestos a aguantarse el mucho o poco tiempo que les quede de la idem —´de aguantarse´, digo—. Me gustaría escribir que es muy fácil pedir ahora la renovación de Baraja, que en estos días de fútbol amistoso quedan muy bonitos los alegatos sobre la grandeza del Pipo —y el huevo que le chupa— y es fantástico recordar la carrera loca de Rubén tras el segundo gol al Espanyol en aquel partido que jamás se borrará de nuestras memorias por mucho que lo mencionemos. Diría también que a pesar de que pienso que la decisión de no renovar al Pipo no se ha meditado lo suficiente, lo difícil en esto es comunicarla, lo difícil es atreverse y no echar mano del sentimiento. Lo difícil es afrontar la realidad como viene y lo que viene es que el Pipo tiene los años que tiene y que todo lo que baja sube. Y que todo tiene su final porque todo empieza cerca del final. Pero no, no voy a escribir de todo eso, simplemente digo que me da la sensación de que la Valencia futbolera acaba de descubrir a Llorente y no sabe que Llorente, como los Platero, es así, «p´a lo bueno y p´a lo malo. Y que esto es rock and roll y no somos americanos». Lo dicho, para lo bueno y para lo malo.