Para descanso de mi neurona preguntona, jolgorio de unos y decepción de otros, ya tenemos a Unai Emery casi renovado. O al menos, ya sabemos que el Valencia le hará una oferta de renovación a la que dirá SÍ salvo sorpresa mayúscula. Y con justicia, lo de la renovación, porque el hombre se lo ha merecido después de aguantar carros y carretas de un servidor, que cuando me pongo puedo llegar a ser muy pesado. Y como digo que salvo sorpresa de las gordas el entrenador va a seguir, confío en la cordura del personal y en su capacidad de volver a volar sea quien sea el conductor porque lo que verdaderamente importa en este juego es el Valencia y no su entrenador o su presidente.
Todos los que de una manera u otra nos hemos postulado en el lado contrario —Bárbara y Borja, esto va para vosotros— a la renovación de Emery deberíamos ser lo suficientemente inteligentes y valencianistas como para no estropear el regreso entre los grandes. ¿Tan disgustados estamos porque siga Emery que ya se nos ha olvidado que la temporada que viene jugaremos la Liga de Campeones? No se cuente conmigo para historias raras, cuando piense que Emery se ha equivocado lo diré, pero mientras sea el entrenador de mi equipo, su éxito es mi satisfacción. No seré yo quien esté esperando en una esquina la primera derrota del nuevo Valencia de Emery. Lo dije antes de que se supiera que renovará y lo digo ahora, «he decidido volar...».