Dice Miguel Campello de ElBicho que él se mantiene con las pocas cosas que tiene y Antonio Vega tiene un sitio de sus recreos donde silencio, brisa y cordura dan aliento a su locura. Y yo mientras tratando de empezar la casa por el tejado y subirle la moral a la tropa a golpe de palabras. Necio de mí. Gilipollas de mí. No me había dado cuenta de que a pesar de lo que diga la historia reciente cada vez que el Valencia ha vendido a una de sus estrellas, no es más que historia reciente, pasado que no tiene por qué repetirse de manera obligatoria porque el tiempo, sólo es eso, un latido del corazón, un ritmo que pasa y si pasa se saluda. Nada más. La historia no se repetirá porque lo diga yo, un ´arrejuntaletras´ de pueblo. Ingenuo de mí. La historia sólo se repetirá desde el trabajo de todos.
Y escuchando el ritmo del corazón de Seguridad Social me he dado cuenta de que esto es una cuestión del día a día, de mantenernos con lo poco que tenemos. No se trata de que Emery nos emocione a todos con una entrevista ambiciosa en la que diga que vamos a ganar la Liga. No se trata tampoco de que en la penúltima presentación del penúltimo fichaje Mestalla esté a reventar de aficionados que aplaudan los primeros malabarismos con el balón del ya por ello bautizado nuevo crack. Eso se lo dejamos a Florentino y a sus secuaces galácticos, que así les va.
Esta casa se construye día a día y cada mañana en la Ciudad Deportiva y desde la satisfacción del entrenador al ver a los jugadores entregados a lo que él diga y desde el primer momento. Y desde el compromiso me comprometo con mis palabras a construir la casa diariamente. El que quiera que se suba a este tren que arranca en verano pero no sabe dónde tiene la parada. Ni cuándo ni por qué, porque «esta palabra, este papel escrito por las mil manos de una sola mano, no queda en ti ni tampoco sirve para sueños. Cae en la tierra y allí se continúa pero no como una mera palabra, ni papel escrito, sino como una sucesión de sonidos del corazón, llámalo música si quieres...».