Si he de ser honesto aunque sólo sea por una vez en la vida tiene que ser hoy. Ha sido muy fácil, o mejor dicho, ha sido sumamente fácil convencerme de que el Valencia va a eliminar al Atlético de Madrid y se va a meter en la final de la Euroliga. Ayer dije que si se ponía a tiro lo mismo les contaba hoy cómo fue la vez aquella en que hice como Joaquín Sabina y por la noche hubo fiesta en la cocina y mi mujer me pilló desafiando al Real Madrid con la mano al viento pero va a ser que no. Va a ser que no porque hoy va a ser la noche de que te hablé y porque hoy no es una noche para andar por esas calles, esta es una noche de puro rock and roll porque ya destruí el miedo a perder y a ganar, hoy toca la acción directa de Barricada y no la poesía canalla de doble sentido bañada en whisky y en humo de tabaco negro. Hoy vamos a Madrid donde algunos simples todavía creen que están los héroes, hoy vamos a Madrid buscando sueños para demostrarles que los héroes están en la carretera. Los héroes son aquellos que leen estas letras sentados en un autobús camino de la capital, allá donde creen que tienen a Dios en la barriga sólo porque la casualidad quiso que nacieran en el centro. Por un día y sin que sirva de precedente, los héroes no son Soldado, Feghouli y compañía, son los que desafían a su bolsillo de crisis y al 4-0 de Cornellà para perseguir un sueño que se repite temporada tras temporada, decepción tras decepción; volver a ver al Valencia campeón... Las cosas pueden ser complicadas o sencillas, depende de lo que uno quiera y de las ganas que tenga de complicarle la existencia al de enfrente y yo tengo pocas. Me gusta la sencillez del que hace un esfuerzo, saca una entrada y se monta en un autobús para animar a su equipo. ¿Hay algo más puro, sincero y espontáneo a la vez? Es el fútbol sin más, sin políticos, sin presidentes, sin periodistas ni representantes. Sin directores deportivos, sin jugadores y sin entrenadores. Es el fútbol reducido a la mínima expresión y elevado a la enésima potencia al mismo tiempo, es una forma de darnos una patada en los morros a todos aquellos que alguna vez hemos silbado en Mestalla y una manera de demostrar que no vale con decir ´te quiero´, que hay que demostrarlo día a día. ¿Quién cojones soy yo para no creer en la final? Veo todo blanquinegro... (Por cierto, La Central Lechera se pasa la temporada diciendo que en Valencia no valoramos al equipo y ahora el favorito es el Atlético... Culos al aire).
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