Con el corazón en la mano y el puño en alto, he de admitir que no he estado jamás en Alcublas, ni en Dos Aguas ni en ninguno de los pueblos que estos días sufren por unos incendios forestales que nos apagan el alma un poco a todos. Salir a la calle y mirar al cielo es como acordarte de que no demasiado lejos hay gente que lo ha perdido todo, y barrer el balcón una vez más es pensar en la cantidad de pequeños dramas familiares que se suceden mientras otros solo contamos las horas para que sean las nueve menos cuarto y ver el fútbol junto a los colegas dispuestos a acabar con un pequeño arsenal de cervezas. ¿Soy un imbécil porque mi única preocupación hoy es jugar a pádel, tirarme a la piscina, hacer la siesta y ver un partido de fútbol? Pues no crean que no lo pienso mientras escribo esto, pero me doy cuenta de que es muy cómodo hacerse el solidario cuando no es tu casa la que se quema, por eso al final conviene no dejar de hacer algo por insignificante que parezca aunque pienses que no va a servir de nada, así que ´arrejunto´estas cuatro letras para animar al personal y también para limpiar mi conciencia y poder ver el partido tranquilo. De paso, me acuerdo de uno de esos debates de twitter que a menudo he consierado estériles, como el de cuando España se clasificó para la final de la Euro. Al parecer los había que mostraban su indignación porque el personal se alegrara por un partido de fútbol con la que está cayendo a nivel político y económico. Por lo que a mi respecta pienso que cada uno se alegra por lo que le da la gana —sin ir más lejos, yo escucho ´Si te vas´ de Extremoduro y soy el tipo más feliz del mundo— pero he encontrado un motivo más para creer en la victoria; me gusta pensar que todos los afectados por los incendios forestales esbozarán la primera sonrisa de los últimos días gracias a un partido de fútbol. Después, volveremos a mirar al cielo, a barrer las cenizas del balcón y a mirar de reojo la prima de riesgo.
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