1/11/2013

La fábula de los banqueros del Valencia

No me gusta que se utilice a personas como escudo, si crees en él bien, sino crees en él, a otra cosa.

04.11.2013 | 10:19

Lo de hoy van a ser un puñado de ideas escritas una detrás de otra y una pequeña historia en clave de humor para tratar de explicar lo surrealista de la situación en que se encuentra el Valencia. Vamos allá.

Lo que no me gusta
No me gusta cuando presidentes o directivos utilizan a ejecutivos „en este caso Braulio Vázquez„como escudo. No me gusta que los traten como si fueran como el ´pim, pam, pum´ de la feria porque son personas. Confías en él sigue, no confías en él, a otra cosa. Dime exagerado, pero me suena a Los Santos Inocentes, a un tipo asquerosamente rico que dispone como le sale de las narices de su criado, aunque en este caso, Salvo no cobra del Valencia y Braulio sí. ¡Qué lío!

Mi capitán
Cada día tengo más claro que el problema de la plantilla del Valencia es más de carácter que de calidad. En Villarreal, si ir más lejos, echamos de menos a Tino Costa... No hay un líder, hay uno que lleva el brazalete pero que no es capitán porque no representa al resto.

Banqueros y políticos
Vamos con la fábula en clave de humor. De entrada, es conveniente que le pongamos un poco de imaginación a la cosa y sobre todo, muy importante que tengamos en cuenta que en algunos casos hablamos de hipótesis y no de realidades. Tenemos a unos tipos que son políticos y banqueros que en su día pusieron a Amadeo Salvo al frente del Valencia pero ahora quieren que se vaya y por eso buscan alguien que les compre el club que todavía no se explican como ha llegado a sus manos. A su vez, Salvo quiere que se vaya Braulio y Braulio quiere que se vaya Djukic que por otra parte, estaría encantado con que se fueran algunos jugadores... Total, que puede llegar el día en que se vaya Djukic y sea Braulio quien elija al sustituto de Djukic y después llegar otro día en que quien se vaya sea Braulio. Y todo esto hasta que los de arriba „los políticos y banqueros„ decidan que quien se vaya sea Salvo. En definitiva, podemos llegar a tener un entrenador elegido por Braulio sin que esté Braulio en el Valencia. Un director deportivo que no habrá elegido al entrenador y que lo haya puesto un presidente que ya no está, y un presidente que flipa colores porque tiene un director deportivo que no ha elegido él y un entrenador que no ha elegido el director deportivo que tiene. Y todo esto sin olvidar que siempre existe la posibilidad de que el presidente esté en China y el embajador en Miami retransmitiendo para los mexicanos el Valencia Almería. ¡PROYECTO!

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