14/06/2016

El domingo que me amargó Mustafi

Todo feliz iba a ver el fútbol y va el alemán marca un gol que me deja con cara de bobo: «Y lo vamos a vender...»

18.06.2016 | 23:29

Ver los partidos de la selección española mola porque se dicen cosas graciosas. Mola escuchar a los periodistas nacionalmadridistas quejarse de los arbitrajes. ¡Me parto! Resulta que cuando al Valencia le guindan en la Cueva de Alí Babá y lo dices eres un periodista de provincias incapaz de entender que en el fútbol existe la idea de la compensación superior y lo que te dan por un lado te lo quitan por otro, y por lo tanto no tienes derecho a protestar por los arbitrajes, pero ellos sí pueden quejarse de los árbitros con la selección. Es decir, al Valencia los árbitros no le roban, al Real Meseta los árbitros no le benefician, pero en Europa los árbitros van a por España.

Planazos de domingo: Tormentos en el sofá
Era domingo y después de pasear al perro por la tarde me dispuse a meterme en la ducha bien pronto para ver el fútbol, cenar y tirarme en la cama de ´panxotà´. Lo que es un planazo de toda la vida. Y allí recostado en el sofá viendo el Alemania-Ucrania experimenté viejas sensaciones que hasta ahora creí olvidadas. Lo que iba para planazo terminó en tormento. Pasó que marcó gol Mustafi y sentí aquello de «mira, otro que se nos va». Fue como volver a esos días en que el Valencia era un escaparate de futbolistas que están de paso y que a poco que lo hagan bien algún pez mayor se lo lleva. O como cuando el Barça se dio el capricho de fichar a Jordi Alba unos días antes de la final de la Eurocopa para que la ganara como jugador azulgrana. Recuerdo que mirabas la final con cara de bobo mientras Jordi Alba galopaba y pensabas... «y lo acabamos de vender». Y ya sé que muchas veces menos es más y que fichando barato y vendiendo caro puedes hacer un equipo mejor porque ahora ya no planifica Nuno „Mendes sí„, pero la sensación que tuve al ver marcar a Mustafi no se me va de la mente€ Lo normal es que hubiera saltado del sofá para presumir que ese jugador que juega en la que posiblemente es la mejor selección del momento, juega en mi equipo de fútbol, pero no, fue como lo de Jordi Alba, «y lo vamos a vender». Eso sí, a nadie que se le ocurra protestar, poner mala cara o criticar a Peter Lim, porque llegan los guardianes de la nueva y renovada fe valencianista, esa que se adquiere de quita y pon en Singapur, y te dicen que no tienes paciencia, que no sabes lo que quieres y bobadas por el estilo.

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