13/03/2017

La voz no hay quien la pare, ni rejas ni paredes

A la orden de Vidagany, muchos periodistas esconden las protestas de los valencianistas. Les da igual el club

18.03.2017 | 11:26
La voz no hay quien la pare, ni rejas ni paredes

Lo que voy a escribir a continuación no lo sé con certeza absoluta o matemática porque nadie me lo ha dicho, pero no soy tonto. Tan seguro estoy de que acierto, que hasta me juego las patillas, que es lo único que me queda de rockero adolescente. El primer punto del orden del día es lo mucho que me llama la atención que algunos -por no decir la inmensa mayoría- medios de comunicación en Valencia ocultan la realidad, o mejor dicho, ocultan, detrás de literatura barata, el enfado y la decepción de los valencianistas. Es como si el pasado sábado en Mestalla lo único que hubiera pasado fuera que el Valencia empató un partido, y que por lo tanto no merece más consecuencias ni comentarios. Nada o muy poco se dice de la decepción de los aficionados y de las protestas previas al encuentro, o de los cánticos contra Peter Lim durante el mismo. Lo que digan o piensen los aficionados no parece importarles. ¿Son bobos quienes ponen el acento en que este jugador fue el mejor y no en las consecuencias que debería tener la deriva que arrastra al Valencia? Pues no, no son bobos. Es otra cosa y la voy a explicar. Temen a Amadeo Salvo. Así de claro. Les seré sincero, en estos momentos me da absolutamente igual Amadeo Salvo, como me dan igual Llorente o Juan Soler. Ellos ya no están en el Valencia, y por lo tanto me importan los que sí están, lo que hacen y hacia dónde llevan el club.

En Valencia hay muchos periodistas que han optado por apoyar a Meriton aunque su gestión sea una vergüenza porque temen que si se va Lim vuelva Salvo. Les importa un pimiento si la gestión de Meriton es buena, mala o regular, solo rezan para que de la protesta en la calle no aparezca Salvo como ganador. Si el Valencia va mal les da lo mismo. Anteponen sus gustos o fobias personales al Valencia y al periodismo, tras el que se ocultan dando lecciones. Y detrás de ellos está Damià Vidagany, un tipo que prioriza seguir en el trono a que el Valencia sea un club digno y del que sus aficionados se sientan orgullosos. Lo triste de esta historia es que Damià encuentra el apoyo de muchos periodistas acomodados y capaces de escribir a su dictado y ocultar la voz de la gente creyendo que si ellos no lo dicen es como si no pasara. Ingenuos, el juego ha cambiado y todavía no se han enterado. «Cuando un tío está en la cárcel, por lo menos sale la voz, porque la voz no hay quien la pare, ni rejas ni paredes». Esto acaba de empezar.

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