POR ÁNGEL CASTAÑOS
La noche caía en Abu Dhabi mientras los monoplazas cerraban el particularísimo campeonato de 2009. No sé si el casi octogenario Ecclestone o alguno de sus chicos organizó esta escena como una perfecta metáfora del cierre de temporada, pero acertaron.
Lo que seguro no estaba planificado era acabar este año en un oasis en el medio del desierto para representar la especie de oasis en la que se convirtió esta temporada. Los equipos de ensambladores vencieron a los de los fabricantes: BrawnGP, RedBull y sus cuatro pilotos derrotaron a las escuadras que contaban con el apoyo directo de Mercedes y Renault y que dominaron en los últimos años. Las marcas de automóviles fueron incapaces de vencer a los equipos que montaban sus mismos motores.
Es un punto de inflexión en la tendencia de los últimos años pero no es una novedad en la historia de la Fórmula 1. La vuelta en 2010 del equipo Lotus y Cosworth, que equipará entre otros a Campos-Meta, evocan aún más la década de los setenta, cuando ensamblar un chasis y un motor era la fórmula del éxito.
Soñando con 2010
El invierno será largo para los seguidores, huérfanos de carreras durante más de ciento treinta días. Pero el trabajo en las fábricas empezó hace meses. Recuerden que el triunfo del equipo BrawnGP se forjó gracias a la renuncia de Honda a evolucionar sus coches en pista durante casi dos años preparándose para este 2009 en el que la desconfianza de última hora del fabricante nipón puso en manos de Ross Brawn la propiedad del equipo y todo el éxito.
Va a hacer falta estudiar con detalle todos los cambios que el año próximo nos traerá: nuevo calendario, nuevos equipos, nuevas normas y un juego de sillas musicales que va a revolucionar la parrilla.
La llegada de Alonso a Ferrari llenará las líneas de nuestras páginas, nuestros blogs y el corazón de muchos aficionados ¿ Deberíamos llamarle ya tifosi?
España, tras aportar pilotos, carreras, victorias y campeonatos a la Fórmula 1, cerrará en 2010 el ciclo al poner en pista su primer equipo. Y no debemos olvidar que, pasados los años, son los equipos —si son lo suficientemente buenos— los que quedan; los pilotos, tarde o temprano, se jubilan o los jubilan.