Quiero comprobar esta tarde si Valencia es Punxuatawney, Pensylvania, el lugar donde no pasa el tiempo, el escenario de ´El día de la marmota´. Aún terceros, al equipo se le paró el reloj de la Liga. Y como no está todo hecho aún ellos deberán apretar y la afición no desesperarse. Ahora bien, como no ganemos al Valladolid, que no les dejen entrar en casa. ´Dels pecats del piu, nostre senyor s´en riu´ —que se lo digan a Terry— pero los pecados de lesa dejadez no caben en Mestalla.
Baraja o Fernandes
Probablemente el duelo vespertino no clarificará el debate Baraja-Fernandes. Un servidor, barajista a carta cabal, reconoce que el Pipo ha de asumir un rol distinto. Como elemento cohesionador, para cerrar partidos en los últimos minutos, interpretando el papel del especialista necesario. Sostiene Fernando que a la edad del vallisoletano, para renovar, hay que jugar muy bien. Pero Rubén no ha tenido oportunidades para demostrarlo.
Tres meses tiene
El Pipo tiene por delante tres meses para reivindicarse, como ha reconocido. Hasta ahora no ha podido hacerlo por dos razones. Por las lesiones —que habría sido de él sin sus semi-crónicos problemas físicos— y por el actual mister, quie no parece concederle ni un gramo de la confianza que merece. Sin embargo Manuel Fernandes lo tiene casi todo: físico y calidad con el balón. Y no obstante renquea en mentalidad, motivación y despliegue táctico. En ambas carencias debería Unai invertir tiempo y esfuerzo. Parece un caso como el de Banega en su momento. Por eso el club ha de tocar todas las palancas que impidan que un tipo que costó 18 millones se convierta definitivamente en un juguete roto como Asier. Se le debe exigir desde los despachos al entrenador que optimice recursos y que no devalúe los activos. Y al VCF que vigile sus hábitos, su entorno e incluso en caso de ser necesario, que le designe un mentor. Fernandes ha de cruzar el rubicón que, según el sabio Pedro Cortés, separa a los grandes de los importantes.
Juan Carlos Garrido
Escuchaba en La Taula de Ràdio 9 al nuevo míster del Villarreal y me reafirmo en que son importantes las sensaciones que transmite un director de orquesta, el gerente de una empresa o el padre de familia. Sin valores los vástagos se descarrían. Garrido transmite un entusiasmo casi adolescente. Proyecta ilusión y ganas de triunfo. Además, su trabajo le avala, aunque las garitas donde hizo guardia sean menos comprometidas que la Primera. En fin, que Valverde negó el proverbio americano: «si no está roto, no lo rompas». Y tuvo el lícito afán de dejar su impronta. Fracasó. Ahora falta por ver si Garrido es capaz de enchufar a una plantilla que transmite indolencia a base de cambiar los hábitos. De inconfesables y juvenile simpatías culés, se le perdona, ha implantado el desayuno en la ciudad deportiva. Como Guardiola: «el roce hace el cariño». Y además, no es un ´sosangas´, como otros.