POR VICENTE BAU
El partido estaba ya anodino. El Valencia marchaba cómodamente instalado en el marcador con dos goles de ventaja (con un poco de puntería podrían haber sido seis o siete fácilmente) y el Valladolid, en su incompetencia, tampoco había sabido sacar tajada de la habitual pájara de veinte minutitos que le suele entrar al Valencia al final de la primera parte y especialmente al comienzo de la segunda.
El míster
Y en esas estábamos, es decir, sabedores de que este partido no se escapaba ni de coña, cuando apareció el auténtico míster del estadio de Mestalla y decidió revolucionar un duelo que a esas alturas andaba medio dormido.
El míster (y según el diccionario apócrifo de Vicente Bau ´míster´ significa todo ese colectivo de personas que habitan la grada del viejo coliseo de Mestalla y que en la mayoría de las ocasiones sabe más de este negocio que el míster tradicional... dígase Emery en este caso) se puso a jalear el nombre del Chori Domínguez, al que nadie había visto jugar nunca en Mestalla y que de nuevo estaba calentando en la banda (y calentando a todos aquellos que lo querían ver en acción y no se conformaban con ver pasar los minutos viéndole cómo se estiraba los isquiotibiales), pidiendo como poseídos que el señor Unai se decidiese de una vez por todas a otorgarle minutos al fichaje que vino del frío y al que sistemáticamente le ha dado por dejar congelado en el banquillo.
¡Chori, Chori!
El grito se hizo unánime en Mestalla e iba dirigido a un único e incuestionable ciudadano: Unai Emery. El técnico de verdad, no sé bien si asesorado por alguien o viendo su pellejo peligrar, reaccionó como si tuviera un resorte en el culo e hizo llamar al señor Domínguez para que ingresara al terreno de juego para alegría de todos los ´peticionarios´ que habían solicitado un poco de acción a su técnico.
Entró, entró
Y así sucedió. El Chori Domínguez, gracias al empuje de la grada del viejo coliseo, entró al terreno de juego y nos dejó un buen puñado de buenas maneras que nos indican que este fichaje es un fichaje de los buenos y que a poquito que al señor Emery le dé por ponerle en el equipo y darle algún minutito más (Mestalla ya cumplió el domingo haciendo el cambio), tenemos otro bajito estupendo que añadir a la ya gloriosa lista de bajitos y estupendos a los que el señor Emery sólo les está sacando el jugo mínimo para caminar por la Liga sin problemas.
Éver and Éver
Pese a todo, pese al gran protagonismo del Chori en el partido contra el Valladolid, yo me quedo con el partidazo que cuajó Éver Banega. El argentino cuajó un encuentro redondo. Y demostró que tanto con Albelda como con Baraja a su lado sabe jugar a fútbol a las mil maravillas.
Éver no necesita escudero presidencial para jugar bien. Denle simplemente la pelota y dispónganse a disfrutar.
Y repito... da igual que juegue con Albelda o con Baraja (¡bienvenido Pipo!), lo importante es que juegue él y que juegue al fútbol como sólo él sabe hacerlo. Éver, un diez como un diez como una casa. El domingo jugaste de cine.