Pase lo que pase en estas últimas nueve ´batallas´, la temporada del Levante está siendo excepcional. La guinda es el ascenso y ahora es el momento de demostrar que ese paso es posible. Tres en seis años demostrarían que el crecimiento del club es real... y por méritos propios, sin suspicacias, sin oscurantismo. Ha vuelto la ilusión a Orriols con unas pinceladas por las que no hace falta sacar la billetera: ganas, voluntad y profesionalidad. Sobran los motivos para subir. Y sin entrar en temas económicos... pero con una premisa cristalina: nada de dispendios; si tienes diez y puedes gastar cinco, mucho mejor. Está claro que la repercusión mediática es muy diferente. No sólo por las cámaras que atraerían los Cristiano Ronaldo, Messi y compañía.
Ser de Primera es la mejor prima para unos jugadores que han venido a reivindicarse y lo están demostrando. El club ha apostado por ellos y el pleno de aciertos ha sido casi completo. Con estos chavales ha vuelto la ilusión. Recuerdo aquellos días de chiste en Oliva cuando Luis García, en su primer proyecto, se empapaba de los entresijos de la Ley Concursal, aun sabiendo que en un hotel de Valencia se encontraba Lucas Alcaraz —rival el domingo— planificando ´su Levante´, intentando reclutar a futbolistas que ya tenían los dos pies fuera de Valencia. Por el trabajo en equipo de jugadores, cuerpo técnico, secretaría técnica y Quico, el Levante se lo merece.
Ser de Primera sería un golpe moral después de un pasado reciente plagado de sucesos, cuanto menos curiosos, que sólo han servido para dañar la imagen de un club centenario. Me gustaría saber qué se les pasa en estos momentos por la cabeza a los López Lara, Jesús Serna, Carmona y Rabade, que han jugado con el patrimonio más importante del club: su afición. Estar entre los tres primeros sería una inyección de moral. El argumento perfecto para volver al Ciutat de Valencia. Pero no la próxima temporada, mucho antes. Desde la visita del Hércules, el estadio debe ser una caldera. No sólo los 10.000 espectadores que pedía Luis García tras ganar en Los Pajaritos. Por casa pasa más de medio ascenso.
Ser de Primera sería el triunfo de los que en los últimos tres años han trabajado en la sombra, luchando por la supervivencia del Levante. Ellos deberían sentirse igual de protagonistas que los que deben meter la pelotita más veces que el rival en las nueve jornadas.