Una hora esperó paciente el honrado pueblo de Vilamarxant a su estrella. El valenciano de la selección llegaba tan agobiado que olvidó cargar combustible y por poco no comparece. Al agasajo, a lo ´Bienvenido Mr. Marshall´, no le faltó ni su Pepe Isbert y todo. Raúl Albiol es un ejemplo de la pasta de la que están fabricados los campeones. Es un chico normal que no será ministro pero que hizo feliz a un pueblo entero en su ágora.
La hora del míster
Mientras tanto, Llorente intenta hacernos felices. 6 fichajes le prometieron a un servidor y 6 han venido. Aunque el fútbol sea espacio, tiempo y engaño, según Menotti, aquí no se nos ha birlado la verdad. Ahora a ver los resultados porque es este un fenómeno sin solución de continuidad. Fútbol non stop. De lo global a lo local sin interrupción. De Sudáfrica a Paterna. Manuel Llorente, como Sísifo, vuelve con su piedra a la montaña. Y, hoy por hoy, la afición duda entre si este equipo será capaz de lo mejor o acabaremos bregando en los puestos de promoción, eso los más agoreros. En cualquier caso, vuelve el tiempo del entrenador. Retorna al lugar del crimen, el centro del escenario, con todos los focos apuntándole. Dicen que parece estar más cómodo. Es normal. Tiene menos presión, una plantilla con menos estrellas y más maleable. A ver.
El poder del fútbol
Sudáfrica equivale a una visita al psicoanalista. Hasta Del Bosque se permitió aliviar a Zapatero. Al final siempre escampa, le espetó el hombre tranquilo al presidente en estado de sitio. Este Mundial ha evidenciado que esta industria marca y configura la vida de la sociedad. 26.000 millones de telespectadores lo demuestran. Ante semejante conmoción los políticos han asimilado la liturgia futbolística para lanzar sus mensajes. Pero son mucho menos creíbles que los goles de Iniesta, Villa o Puyol. En este Mundial ha habido realmente dos campeonatos paralelos. Primero el de los futboleros. Nos acordaremos de Puyol, de Iker, de Iniesta y de Villa pero también del golazo de Tévez, de Müller y de Khedira, de Del Bosque, del fracaso de Messi, de las ex favoritas Inglaterra e Italia, de la Argentina de Diego, del jabulani y sus quiebros, del pésimo nivel arbitral... Pero también está el mundial de la caspa, el esputo de Cristiano, el reality futbolístico a costa de lo que sea, la muerte del periodismo, el pulpo dichoso, Larissa o Sara y un país de sobremesa embutido en la camiseta roja de la selección. Todas las Españas ganaron. Las rojas y las azules.
Ecos del Mundial
España ha contribuido a la perestroika del fútbol planetario e Iniesta trajo la glasnost. Sus estadísticas son inéditas y su trayectoria inopinada. 8 goles, portería a cero, perdiendo el primer encuentro... y la final. Contra Holanda. Que renunció a jugar bonito tras caer en el 74 y 78. Se dijeron los neerlandeses —vamos a jugar como la Argentina de Bilardo—. Traicionaron sus principios y España no. Así que no ganan los de siempre.
Cumbres borrascosas
Es un rumor guadianesco. Igual se refuerza que desaparece. Ahora suena intenso, incluso en los círculos del poder. Están en otras cosas los que mandan pero no le quitan ojo a la presunta operación. Si el banco lo ve claro, no habrá obstáculos a la operación. Y anda removido el patio de monipodio del valencianismo. La normalidad institucional corre paralela a ciertos juegos. Los accionariales, para seguir ´in vigilando´. Los societarios, para quedar expectantes. Unos hacemos como Santo Tomás, padre del «si no lo veo no lo creo». Pero otros, como Parménides, no lo creerán aunque lo vean.