El fútbol nuestro de cada día

El éxito de Sudáfrica quedará para siempre, pero el fútbol empieza ya a centrar su mirada en la actualidad de los clubes y en los nuevos proyectos.

 
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El Mundial es algo parecido a la Navidad, con la única diferencia de que sucede una vez cada cuatro años. A esta fiesta se apunta todo el mundo y más si se logra una gesta histórica como la obtenida por la selección española. Este campeonato es una mezcla verbenera de aficiones, de exaltaciones patrias y también un negocio lucrativo. También queda lugar para el fútbol, aunque cada vez resulte más homogéneo y las diferencias entre las selecciones participantes sean mínimas en comparación con lo que sucedía en el pasado, cuando el contraste deparaba espectáculos grandiosos. Esta es otra consecuencia de la globalización. Al final, como dice Di Stéfano, todos chinos.

Roto el maleficio
Lo más positivo del triunfo español es que también ha vencido el mejor equipo, se ha impuesto la clase y el estilo más virtuoso, tal cómo han reconocido los medios de comunicación de forma unánime en todos los continentes. Los mundiales han sido testigo de algunas grandes injusticias a lo largo del tiempo desde que la legendaria selección de Hungría perdió la final de 1954. España ha roto el maleficio y ha confirmado que atraviesa por su mejor época. Esperemos que dure por mucho tiempo, pero el fútbol empieza ya a perder de vista a Sudáfrica y centra su mirada en el pan nuestro de cada día, el fuego sagrado que se mantiene encendido todos los días del año. La feria ya es historia. Los aficionados de verdad lo agradecen porque los excesos cuestan de asimilar.

Raúl Albiol
Nos centramos ya en lo que nos espera de inmediato. Los equipos empiezan a calentar motores. El nuevo Valencia ya trabaja en Paterna. La propuesta parece clara: ser alternativa desde un planteamiento menos rutilante pero más eficaz. Una fórmula que ha dado resultados en Mestalla. Raúl Albiol es profeta en su tierra. Vilamarxant le tributó un cálido homenaje al único futbolista valenciano que puede presumir de ser campeón del mundo. Palabras mayores. La vida le ha devuelto en dos años lo que estuvo a punto de arrebatarle en pocos segundos cuando sufrió aquel aparatoso accidente de carretera. Después de conquistar la Eurocopa como valencianista, ahora ha llegado a la cúspide mundial. Por edad y condiciones, el futuro debe proporcionarle nuevos éxitos, salvo que Jose Mourinho le cierre las puertas. Si ello sucediera, las puertas de Mestalla las tiene siempre abiertas. Enhorabuena, campeón.

Un club ejemplar
El otro Raúl del Real Madrid sale por la puerta de atrás del Santiago Bernabéu. Increíble pero cierto. Comparen con la hermosa despedida que tuvo Baraja en el Valencia y saquen sus conclusiones. El tópico señala que el club madridista es modélico y ejemplar en su actuación. Que le pregunten también a Del Bosque.

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