Ha sido la persona ideal para esta travesía por el desierto. Este mensaje fue dicho por Javier Gómez en la COPE en referencia a Unai Emery. Lo dijo un tecnócrata, un hombre de números, el encargado del apartado financiero que sintió sobre sus hombros la presión de evitar un concurso de acreedores en el Valencia Club de Fútbol. Lo dijo la figura que pusieron para que, sin titubeos ni sentimiento alguno enderezara la nave a cualquier precio. A cualquier precio. En la cuadratura del círculo cayeron a su paso empleados históricos y futbolistas capaces de grabar sus nombres en la historia de la entidad de Mestalla. Lo dijo el verdugo del sentimiento. La culpa no fue suya pues él fue contratado para eso y sabían lo que hacían cuando le llamaron para el puesto. En la misma entrevista y preguntado por el futuro de Jordi Alba, su respuesta terminó por confirmar lo que todos sabíamos: «yo los vendería a todos». Así han transcurrido los últimos años y en esa realidad se ha manejado el valencianismo. Asintiendo y consintiendo para redimir los pecados y el dispendio que cometieron otros sin pensar que el fútbol se hizo para los aficionados y no para satisfacer a los bancos.
Pueblo inteligente
Sin embargo y pese a todo, el equipo ha conseguido clasificarse en los dos últimos años para la Liga de Campeones —tabla de salvación económica para el club cuando no quedan operaciones multimillonarias por hacer por lo que a la venta de futbolistas se refiere— y va camino del tercero. Un año más, terceros. Como el pueblo siempre fue inteligente y —aunque a muchos no les guste— también es exigente, el cuento del pan y circo llegó a su fin esta temporada. Lo regular, lo de siempre, aburre y el fútbol, a fin de cuentas, es una vía de escape a la monotonía. El deporte rey es el refugio y la liberación; tu camiseta, tu bufanda, tu compañero de butaca y el motivo para que palpite con fuerza tu estado de ánimo cada fin de semana. Por eso un año más, terceros, ya no sirve. Al menos no sin actitud, sin empuje, sin arreones, sin entrega y sin todo aquello que te levantaba de tu asiento, que te había caracterizado y que actuó como idiosincrasia de estos colores. Porque al Valencia le ha faltado pasión y convicción y la gente, viendo la indolencia, ha dejado de sentirse identificado. ¿Qué quieren? Preguntan. ¡Que luchen! Responden.
«Entrena y calla»
Y en esas volvemos al entrenador. En estos casi cuatro años al frente del grupo, Unai Emery ha vivido en el alambre entre las subidas de tono y los cambios de ritmo. Su vida en Valencia ha sido una montaña rusa de sentimientos cruzados que nunca terminaron por encontrarse. ´Cómodo´ en el trato para sus dirigentes, las decisiones que procesaba en su cabeza nunca fueron ejecutadas como él hubiera deseado. Así que sus cabreos siempre tenían fecha de caducidad. Si Emery se enfadaba y decía que dejaba de respirar… arriba se tomaban un tiempo para que insuflara de nuevo aire; y vuelta a empezar. Sólo con Helguera —y tuvo que aguantar tres meses al cántabro faltándole al respeto en la cara— tuvo una respuesta positiva por parte del club. En cambio, tuvo que tragar con Chori, Fernandes, Miguel, Banega, Navarro, Vicente, Morientes, Baraja o Ricardo Costa. Con esto no digo que todos le dieran motivos para ser cuestionados pero para Emery le sobraban en su proyecto. «Entrena y calla» era la consigna, viéndose en todas perjudicado el grupo. Porque Emery fue volátil hasta el punto de alinear en partidos decisivos a futbolistas que al club le urgía recuperar. Y entonces ahí el que perdía era el aficionado.
Despertar para exigir
Conclusión: la grada, que nunca hizo distinciones con el escudo de por medio, decidió cambiar los bostezos por pañuelos y los aplausos por el sonido de viento. Despertó para exigir; exigió para sentir. Porque a pesar de los tiempos de crisis y el momento austero saben que este club nunca necesitó del dinero para ganar partidos ni para regalar noches mágicas a los suyos. ¿O acaso el Valencia de Benítez era el Milán de Sacchi o el Brasil de Pelé antes del doblete? ¿O en aquella época Ronaldinho y Zidane jugaban gratis? Como las comparaciones son odiosas nos centraremos en reconocer a un equipo que no mentía cuando decía la palabra equipo y con el que se identificaba la grada; que invitaba a esperarlo. Hubo un tiempo en el que el brazalete no se regalaba; porque el respeto, entrenador, no se pide. Se gana.
Emery llega tarde
Ahora que ya está de vuelta empieza a ser él aunque parece que pensando en su futuro, llega tarde. Y algunos, tenemos la sospecha de que, si por alguna de aquellas decidieran que Unai Emery continuara al frente del equipo la próxima campaña, lo haría para volver por sus fueros, para caminar por donde solía. En definitiva, para asentir y consentir dejando a los aficionados por quinto año consecutivo, huérfanos de sentimiento.