Uno de los encantos del fútbol es su volatilidad. El continuado cambio de estado anímico y de opinión. Sólo vale el resultado. Después de la rotunda victoria (4-0) lograda por el Valencia ante el Betis, las aguas vuelven a su cauce. La tempestad deja paso al sosiego. Existe la esperanza de que mañana se consiga, ante el Atlético de Madrid, pasar a la final de la Europa League. Además, ya se sabe que Unai Emery no seguirá la próxima temporada, una decisión que también contribuye a tranquilizar el ambiente. Unai paga los platos rotos para salvar al presidente, director deportivo y a más de un jugador.
Mercenarios y héroes
En ocasiones comprendo que los futbolistas se encierren en sus burbujas y nada quieran saber de los actos sociales programados por los clubes o por las peñas. Prefieren alejarse del contacto directo con los aficionados. ¿Por qué lo entiendo? En 72 horas (de jueves a domingo), los jugadores del Valencia han vivido dos radicales sensaciones. Después de perder ante el At. Madrid, los profesionales sufrieron el menosprecio, al ser acusados de ´mercenarios´. Tras superar al Betis, fueron despedidos de Mestalla como ´héroes´. Ni lo uno ni lo otro. Sin embargo, el término medio, la sensatez, la cordura y el equilibrio no son elementos consustanciales al mundo del fútbol. En esta actividad se valora en función de la inmediatez. Y los mismos que, con cara de circunstancias, soportaron en Madrid y Paterna los insultos pueden salir a hombros de Mestalla, si el Valencia elimina al At. Madrid. La historia está repleta de este delirante comportamiento y a nadie debe sorprender. El fútbol es visceral, apasionado, con sentimiento y grandes dosis de desahogo. De lo contrario a los clubes no se les permitiría mantener una deuda con Hacienda por valor de 752 millones de euros (España posee cinco millones de parados) ni vivirían por encima de sus posibilidades. Si la sensatez prevaleciese, el fútbol perdería encanto.
Imagen dañada
Hace unos días leía en Superdeporte que un grupo de jugadores pertenecientes a la Escuela del Don Bosco habían «increpado a Unai Emery a su llegada a la Ciudad Deportiva de Paterna». Los niños profirieron «insultos al técnico valencianista» y pidieron su destitución gritándole el «vete ya». Estos futbolistas quedan encuadrados en la categoría alevín, es decir, entre 10 y 11 años. Lo sucedido me parece lamentable e impropio de personas en formación, tanto en el aspecto humano como deportivo. La credibilidad de sus educadores queda dañada. Me imagino que la dirección de la Escuela de Don Bosco (por no decir la del colegio) ya habrá pedido las oportunas disculpas. Siempre he tenido a dicha escuela como un ejemplo del buen hacer y saber estar. Sin embargo, el comportamiento descrito sólo me produce rechazo. No se puede permitir que la escuela se convierta en una fábrica de maleducados. Hay que erradicar estas actitudes. Estoy convencido de que los profesores y los padres estarán avergonzados. Así no se puede ir por la vida. Si con 10 años se pierde el sentido de la disciplina, del respeto y se carece de educación, ¿qué podremos esperar de esa generación dentro de unos años? Nada positivo, por supuesto.