Ha llegado el momento. El Levante UD debe convertir el próximo partido ante el Athletic en una verdadera fiesta para celebrar lo que ha sido una excelente temporada. El jolgorio debe ser una realidad, con independencia del resultado que se registre. En estos momentos, jugar o dejar de hacerlo en una competición europea no es lo más importante. Lo que tiene mérito es seguir un año más en la Liga BBVA.
Sobresaliente
No sé si el próximo domingo, a la finalización de la jornada y de la temporada, el nombre del Levante UD quedará registrado, en la clasificación general, en el puesto cuarto, quinto, sexto o séptimo... Cuanto más arriba quede, mucho mejor. Sin embargo, no hay que darle excesiva importancia a este hecho. Lo que de verdad resulta trascendental es que se ha cuajado un sobresaliente ejercicio. Durante nueve meses se supo estar entre los mejores y se consiguió la permanencia con solvencia. Es un momento de felicidad para el levantinismo. Por supuesto que el jugar en los próximos meses en Europa produce ilusión, además de ser un hecho histórico. Habrá que saberlo disfrutar si se logra, pero bajo ningún concepto hay que frustrarse si al final la miel se queda en los labios. Más aún porque pienso que va a ser complicado repetir una temporada como la que ahora dice adiós por la crisis que afecta a la sociedad y que condiciona el dinero que puede llegar al club, porque es complicado encontrar un bloque de jugadores con un perfil encuadrado en el trabajo, humildad y sacrificio, en líneas generales y, en último lugar, porque no va a ser fácil rejuvenecer la plantilla ni mantener la línea de simpatía, si se crece en competitividad, que ahora despierta la entidad de Orriols.
JIM: inoportuno
Hace unos días, en las vísperas del Mallorca-Levante, al entrenador azulgrana, Juan Ignacio Martínez (JIM), no se lo ocurrió otra cosa que mandarle un mensaje a sus jefes con respecto al hecho de no poder contar con Arouna Koné: «Hasta mi mujer me lo ha comentado». Un recadito inoportuno, fuera de lugar. Desde que comenzó la temporada, Sevilla, Koné y el Levante sabían de la cláusula de los 18 goles. Además, nadie pensaba que iba a marcar 17 tantos; ni el propio JIM. De haberlo intuido, le hubiese dado descanso, por ejemplo, en las eliminatorias de Copa del Rey, ahorrándose así dos estériles dianas. Me encantaría un JIM más autocrítico con sus planteamientos, sobre todo, en el transcurso de los partidos. Todo lo que indica en el campo es previsible, sin capacidad alguna para la sorpresa. También me gustaría un JIM más exigente con sus propios jugadores. Los partidos cuajados ante el Sporting, Zaragoza y Mallorca dejaron mucho que desear. A pesar de estos detalles, se merece toda clase de elogios por la extraordinaria temporada que ha protagonizado con el Levante y máxime cuando carecía de experiencia en la Liga BBVA, que gracias al Levante ha adquirido. Y gracias al Levante, tal vez, pegue el ´pelotazo´ de su vida.