Somos simplemente los mejores

El 4-0 a Italia saldrá en todos los libros. Fue un resultado devastador. De momento, y mientras el cuerpo aguante, España sólo hay una

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Tenía pendiente desde hacía un tiempo un análisis de la política deportiva de Manuel Llorente en su etapa como presidente del Valencia Club de Fútbol. Ya he dicho aquí alguna vez que está todavía por nacer el dirigente de un club de élite no haya presentado, como balance de su gestión económica, unos resultados sobresalientes. Recordemos que incluso Juan Soler se despidió de Mestalla en su día diciendo aquello de «dejo un Valencia fuerte y saneado» y Vicente Soriano aseguró estar construyendo un «Valencia con una gestión pionera en Europa» justo antes de no poder hacer frente a las nóminas de las oficinistas a sueldo del club. Así que, puesto que, de momento, por mucho que el nuevo estadio siga siendo una quimera, el club va haciendo frente a sus pagos, daremos por ´bueno´ que el club está en manos de un gestor aceptable „ya llegará el siguiente para quitarnos, o no, la venda de los ojos„ y nos centraremos en lo deportivo.

Apartar el árbol
Sobre esto, curiosamente, la jurisprudencia es escasa, por no decir inexistente. Es cierto que en el fútbol las ideas duran un día, pero, ¿tanto cuesta apartar el árbol para echar un vistazo al bosque? Una opinión extendida y reduccionista, muy del agrado del presidente por cierto, nos dibujaría a un Llorente dedicado en cuerpo y alma a garantizar la subsistencia de un club que recibió en fase terminal. Caballero medieval enfrentado al dragón de la crisis, nuestro héroe permanecería encerrado día y noche en un despacho anegado por ratas y telarañas negociando, ábaco en mano, créditos y refinanciaciones con los malvados emisarios de Bankia. «Es la economía, estúpido», se repetiría una y otra vez delante del espejo de Blancanieves, antes de apagar él mismo todas las luces de las oficinas del club. «Sobreviviremos», gritaría puño en alto a la masa accionarial que, embelesada y genuflexa, derramaría un sin fin lágrimas de espanto al ver aparecer, entre relámpagos, los espectros de Soler, Morera y Soriano. La única preocupación del presidente en lo estrictamente deportivo, nos diría el estereotipo, sería vender a los futbolistas que los señores de negro le señalan como un lujo que su empresa en quiebra no puede permitirse. Realidad distorsionada, como tantas otras.

Fichajes y retrocesiones
Solicito a SUPER una relación de altas y bajas de futbolistas durante la era Llorente y se necesitan dos correos electrónicos para pasarme la relación completa. Entre fichajes, ventas, cesiones y retrocesiones con y sin opción de compra, con y sin abono de parte de la ficha, en los mercados veraniego e invernal, en poco más de tres años de gestión, Manuel Llorente ha protagonizado la friolera de 95 operaciones. No hay error en la cifra: 95. De momento y a día de hoy. A pocos extrañará, con esa hiperactividad, comprobar que de la plantilla recibida a mediados de 2009 hoy solo continúen en nómina dos futbolistas: Albelda y Banega. De los otros veintiuno, salvo los canteranos Guaita y Bernat, todos provienen de operaciones que llevan las iniciales M.LL. Es lógico que, en aplicación del principio de Arquímedes, esa hiperactividad adquisitiva haya tenido que ir acompañada de una importante operación salida. El Valencia, como la casi totalidad de clubes europeos de alto nivel, tiene que vender futbolistas para subsistir. La asunción de una noción tan básica „y tan desconocida aún para muchos en España„ de que nadie, ni individuo, ni país, ni siquiera club de fútbol, puede gastar más de lo que ingresa llegó al Valencia con toda su crudeza en el verano de 2010. Las ventas de Villa y Silva marcaron un antes y un después. No fueron las únicas. En estos tres años, el club ha ingresado casi 180 millones por traspasos de futbolistas. Y resulta difícil no concluir que buena parte de las operaciones han sido más que provechosas para el club. Así, analizando en retrospectiva, acaso pueda parecer que los treinta millones de euros ingresados por Silva se antojan escasos visto el rendimiento que el canario ha tenido en Inglaterra. Pero, en contraposición, parece difícil que haya un solo barcelonista que no piense que los 42 millones que recibió el Valencia por un Villa que, frisando la treintena, echó sus carreras más provechosas en Mestalla, ameritan un monumento a Manuel Llorente. Lo mismo que obtener 15 millones de euros por Albiol, 3.5 por Moretti, 5 millones por Alexis, 2.2 por Marchena, 2 por Renan „sí, hubo un club, además del Valencia, que pagó por fichar a Renan„, por no hablar de los 28 de Mata, los 2 de Manuel Fernandes, o los 7 de Pablo H. „que tanta gloria lleve como paz nos dejó„.

¿Plantilla de posguerra?
180 millones de euros es una cantidad importante, qué duda cabe. Siendo malvados, podríamos casi asegurar que con ellos los señores Catalán, Salvador y compañía tendrían para dar guerra durante una década sin tener que mover un dedo. Oyendo a algunos y leyendo a otros pocos, muchos de Madrid y unos cuantos de otros lugares, uno acaba llegando a la conclusión de que ahí acaba la gestión deportiva de Llorente. El Valencia, dicen los indocumentados, lo ha vendido todo y ha tenido poco menos que recoger las migajas que otros dejaban para confeccionar una plantilla de posguerra „en plan Levante, vamos„. No cuesta mucho, sin embargo, detenerse en los números y comprobar que en el último trienio el club ha gastado la friolera de 92 millones de euros en fichajes. Sí, señores. Puede parecer mentira si uno acude a Mestalla y se pone a ver un partido del Valencia, pero es así. Se han gastado 92 millones. Casi 15.000 millones de pesetas en tres años. Nadie podrá, pues, acusar al presidente de cicatería. Ha ingresado mucho, sí. Pero ha gastado un dinero que, bien direccionado, parece más que suficiente para garantizarle al Valencia un equipo competitivo y un cómodo lugar a la sombra de los todopoderosos. Poco podríamos objetarle si se hubiese gastado bien.

La dupla
¿Y en quién se ha gastado ese dineral? ¿Qué grandes cracks, susceptibles de futuras ventas para seguir alimentando el fuego, han llegado en este tiempo? Veamos. La dupla Llorente-Braulio nos ha animado el tiempo libre con 26 incorporaciones. Por nacionalidades tenemos 10 españoles, 4 argentinos, 3 franceses, 2 portugueses, 2 brasileños y un argelino, turco, lituano, paraguayo y mexicano. Bien podrían formar un comando de las brigadas internacionales. Presume la dirección deportiva del club de que buena parte de esos futbolistas ha llegado a coste cero. Es el caso de Mathieu, Dealbert, César, Chori Domínguez „si es que pagarle la nómina y los asados se denomina coste cero„, Feghouli, Ricardo Costa, Stankevicius y Guardado. El coste cero, sin embargo, dice poco si el rendimiento va parejo a la inversión realizada. De todos ellos, tan solo Mathieu y Feghouli han respondido a las expectativas y gozan de un puesto de titular en el primer equipo.

Cantidad sin calidad
El futbolista más caro que ha fichado el Valencia en este tiempo ha sido Soldado: 10 millones de euros. En la franja de los 6-8 millones llegaron Tino Costa, Piatti, Victor Ruíz, Parejo, Rami, Canales y Cissokho. Entre 3 y 5 millones costaron Moyà, Topal, Aduriz, Alves, Pereira, Gago y Valdez. Por Bruno se pagaron 1.5 millones, por Jonas 1.2, Barragán costó 1.7 „yo siempre pensé que el bueno de Barragán llegó gratis„ y Viera 2.5 „en Las Palmas siguen, a fecha de hoy, de fiesta con ese dineral„. Parece clara la doctrina: la cantidad sobre la calidad. Si en tiempos de Soler los emisarios del Valencia viajaban siempre con cheques de 18 millones para fichar a cualquiera „Fernandes, Zigic...„, hoy el precio fijo es tres veces menor, pero la consigna parece seguir siendo la de proceder al relleno del pavo, la de fichar por una especie de perversa „¿sospechosa?„ inclinación a firmar cheques con los que adormecer al populacho. Así, cuando de forma periódica el presidente del Valencia parece amenazar a la masa social con que si los resultados no llegan „¿quién tiene la culpa de que no acaben de llegar?„ tendrá que seguir vendiendo futbolistas, parece que olvida que para vender es inexcusable que alguien quiera comprar. Y, de momento, todas las operaciones provechosas que ha realizado el club han derivado de activos que ya estaban en nómina en el año 2009. Han sido tres los futbolistas fichados por Llorente que han sido luego traspasados: Topal, Aduriz y Moyà. Costaron, en conjunto, 14 millones. Se vendieron por 9,7. Demoledor precedente.

La víctima es la cantera
En ese maremagnum de altas y bajas, la primera víctima ha sido la cantera. Guaita y Bernat son sus únicos representantes en esta plantilla multinacional. Ambos, además, lo son a pesar de los obstáculos que el club ha puesto a su formación. Guaita, recordémoslo, únicamente se consolidó en la portería después de que la casualidad quiso que César y Moyà se lesionaran hasta tres veces. El club permitió que un entrenador que no confiaba en él lo tuviera condenado a la grada, de tercer portero a la espera de un milagro que finalmente aconteció. No contentos con ello y pese a que ya había sido trofeo Zamora con el Recreativo, en lugar de allanarle el camino hacia su consolidación como se habría hecho en cualquier club bien gestionado del mundo, se decidió fichar a Diego Alves ¿No habría sido más fácil ahorrarse esos 3.5 millones y mantener a Moyà o César como segundo portero? En el caso de Bernat, tras el incalificable comportamiento que con él tuvo Unai Emery „el mismo que llevó a Isco al Málaga„, el club decidió también apostar por el chico. En dos años ha traído hasta cuatro futbolistas: Piatti, Canales, Viera y Guardado, que pueden jugar en su posición.

Isco, el que más duele
El caso Isco es especialmente doloroso. Aquí también el club permitió que un entrenador que, como todos, estaba de paso, maltratara uno de sus activos más importantes hasta llevarlo a la depresión „Emery ni siquiera miraba a Isco a los ojos cuando le hablaba„. Igual que nadie de la dirección deportiva parecía saber que Guaita era un fenómeno, no hubo un solo empleado que avisase al presidente de una situación que acabará bien pronto con una perla de la cantera valencianista en uno de los equipos punteros de Europa. A cambio, 6 millones de cláusula de rescisión, cara de tonto y ni una sola responsabilidad. Vivimos en un país en el que nadie tiene culpa de nada. ¿Obedece la política de fichajes a algún principio predeterminado? ¿Quiere el Valencia futbolistas técnicos, aguerridos, que corran bien al contraataque, que sepan salir con el balón desde atrás? ¿Los quiere jóvenes o curtidos en mil batallas? ¿Existe un plan? Hasta ahora esas preguntas eran obviadas recurriendo a hinchar el pecho. Tres años en la tercera posición y un montón de palmadas de felicitación del resto de clubes por ser los primeros de la ´otra Liga´. El qué sin el cómo olvidaba, sin embargo, que la suerte es un factor a menudo determinante, pero que tal como viene se va. Un Valencia sin patrón, ni personalidad consiguió afianzarse en la tercera posición en buena medida gracias a la incapacidad de sus rivales naturales para responder a las expectativas. Atlético, Sevilla o Villarreal han sufrido estos años, más aún que el Valencia, los embates de la crisis. Este último purga en segunda división errores de planificación como los que aquí estamos tratando. Los otros parece que despiertan.

Que me lo expliquen
A golpe de tercera posición se ha seguido fichando sin ton ni son. La cantidad sobre la calidad. La marca blanca por encima de todo. En aplicación de un principio que no tiene validez alguna en el mundo del fútbol, se considera que gastar 1.7 millones en Barragán, 2.5 en Viera o 6 millones en Cissokho son buenas inversiones por el mero hecho de que «no es demasiado dinero». Olvidan que los 10 millones de Soldado son, a día de hoy, de los pocos a los que podrían llegar a sacar algún dividendo. Con 92 millones no da para fichar a Messi, Ronaldo e Iniesta. Pero sí, sin duda alguna, para traer a cinco o seis jugadores de primer nivel europeo ¿Dónde están? Por el camino han quedado, además, operaciones desastrosas por las que nadie ha respondido. En su momento, así, se prefirió fichar a Tino Costa como reemplazo de Banega cuando Borja Valero fue ofrecido por idéntico precio „luego hubo que pagar 6 millones por Parejo cuando se dieron cuenta de que Costa no era un organizador, con el resultado que todos conocemos„. Incapaces de encontrar un solo central en el mundo entero, los cerebros de la dirección deportiva acabaron pagando por Víctor Ruíz 7.5 millones de euros a un Nápoles que nunca contó con el futbolista catalán. Y así hasta llegar a esta temporada en la que se vende a Aduriz por 2.5 y se ficha a Valdez por 3 „que me lo expliquen„, se renuncia a Dídac que parecía un lateral estupendo y al brasileño Siqueira para traer nada menos que a Cissokho a un precio superior al de los otros dos „que me lo expliquen„, se ficha a Viera y Guardado para hundir a Bernat „que me lo sigan explicando„, se le pagan 8 millones de euros al Madrid por un Canales todavía convaleciente de una segunda lesión de ligamento cruzado, con una cláusula por la que el Madrid lo puede repescar pagando dos millones más de los que recibió si el chico resulta que explota y se convierte en figura mundial „de no ser así, seguirá en el Valencia„ y se acabará fichando a un extremo de Segunda que complemente a Feghouli cuando hace poco más de un año se medio regaló a Joaquín a un Málaga convertido en rival directo.

Ilusión bajo mínimos
El resultado de todo ello, de fichajes fallidos tipo Costa, Bruno, Domínguez, Dealbert, Piatti, Parejo, Guardado, Barragán o Cissokho, de traer a futbolistas que, como Rami, llegan a Valencia asegurando que solo están de paso para ir a un club «más grande», de ausencia de criterio a la hora de armar la planificación deportiva, de carencia de espíritu de equipo y de completo alejamiento de la afición de una plantilla en la que cada año se mueve un tercio de sus componentes, se puede comprobar cada vez que Mestalla cita a sus fieles. Más allá de la deserción masiva de aficionados, generalizada „aunque el caso del Valencia es escandaloso„ en nuestra Liga por culpa de la crisis y de unos precios abusivos, la ilusión del valencianismo está bajo mínimos. La gente se va quedando sin jugadores a los que jalear porque apenas tiene tiempo de aprender sus nombres ¿Cómo lo va a hacer si en tres años se han producido 95 movimientos y se ha fichado a 26 futbolistas de 10 países distintos? ¿Con cuántos de todos ellos se identifica el valencianista medio? ¿Quién de todos ellos representa, en el imaginario colectivo, a ese futbolista abnegado y fiero que se deja la piel por el escudo en cada partido? ¿Qué nombre ponen hoy en la camiseta los niños de Valencia? Me temo que, como decía Tito Bau aquí el otro día, hoy ponen a Messi.

Los responsables
A la hora de buscar responsables, que nadie tenga la tentación de exculpar al presidente. Suya es la estrategia y suya la elección del responsable de toda esta trama de compras, ventas, cesiones y recontracesiones. A Llorente en exclusiva hay que atribuir, también, la decisión de renovar a Emery cuando su director deportivo tenía apalabrado ya a Luis García -„on lo bien que habría estado don Unai en Moscú, destrozando corazones, un año antes„ y la contratación de Pellegrino. Braulio tenía ya acordado el contrato con Djukic. Más de uno tiene sudores fríos. La falta de dinero, para finalizar, no es excusa. 92 millones de euros en fichajes dan para bastante más que para Parejos, Piattis, Guardados, Emeries y Pellegrinos. Dan, si se saben administrar, para fichar un entrenador de primer nivel y para reforzar el equipo con unos cuantos futbolistas contrastados que vengan a Valencia a quedarse si hace falta, con los que la afición pueda identificarse. 15.000 millones de pesetas deberían ser suficientes para conformar una plantilla temible, en la que las estrellas que vienen de fuera sean de verdad mucho mejores que lo que se tiene en casa. Puestos a escoger suele salir más a cuenta comprar, si te llega el presupuesto, un coche bueno que tres de gama baja. Te salen más caros y acaban dando más disgustos que alegrías.

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