VICENTE BAU

Esos días con Kempes

Un día me dijo Mario Alberto eso de "la concha de tu madre" y yo me quedé alucinado pensando cómo podía saber el nombre de mi madre

07.08.2015 | 02:30

Paterna. Hablo de la antigua Ciudad Deportiva de Paterna. La actual nació de sus cenizas para dejar paso al by-pass que circunvala la ciudad. Pues bien, en esa mítica ciudad deportiva parida por la enorme capacidad de acción de Paco Ros Casares (un genio) conocí un buen día a Mario Alberto Kempes. Yo, como pueden imaginar, era un pipiolo con muchas ganas y con muchas horas por delante para intentar hacerme un hueco en el siempre complicado mundo del periodismo. Iba solo a Paterna, mis compañeros solo acudían cuando el míster daba lista de convocados... pero nunca antes. ¿Y? Pues eso, que yo conocí así a Don Mario Alberto Kempes y me dejó tanta huella que mi perro „un mil leches blanco y negro„ se llama Kempes en su honor.

La concha de...
Pues bien, uno de esos días en Paterna, sin más medios de comunicación que me acompañaran, yo no sé muy bien lo que había publicado pero fui recibido por Kempes de la siguiente guisa. «¡La concha de tu madre...!». Dicho así, pasado el tiempo y con la magia de los ordenadores alimentándonos el espíritu, tendría muy claro que Kempes estaba cabreado por alguna crítica mía. Pero no fue el caso. Él me lo dijo en serio, mosqueadete, y yo me quedé alucinado. ¿Alucinado? Pues sí, de todas todas. Alucinado por dos razones. Que Kempes te dedicara unas palabras ya era un lujo para un aprendiz de periodista como yo. Y me quedé pensando: ¿Cómo era posible que Kempes supiera como se llamaba mi madre... doña Concha?

Lo entendí
Pues sí, ese día me fui de Paterna con mi cuaderno de apuntes absolutamente repleto de cosas y con lo de la ´concha´ de tu madre dándome vueltas jubilósamente en la cabeza. Y llegué al diario... Los Deportes Valencianos. Y sí, antes de ponerme a escribir las seis u ocho páginas que tenía por delante todos los días le comenté a Miguel Rico (director) lo que me había dicho Kempes. «¡Se ha acordado de mi madre!», le dije repleto de ingenuidad. Miguel Rico me miró, esbozó una sonrisa de esas quietas, hacia dentro, y me explicó todo el asunto. El tema puede resumirse de la siguiente manera: algo había escrito yo que le molestó a Kempes y así me dejó constancia con lo de la «concha de tu madre». Yo entendí la explicación de Miguel Rico y luego sonreí. Ojo, no sonreí porque Kempes me pegara un cate descomunal. Lo hice porque mi ídolo de nano me había hablado... y eso ya era mucho para mí. Un crack.

El presente
Ayer fue un día grande en Mestalla. Me quedo con la mayor, con ver a Kempes en el viejo coliseo dando paso a los jóvenes cachorros valencianistas. ¿Y? Pues que mirándole y escuchando a la gente oí como algunos querían que Kempes regresara al Valencia a todos los efectos. Y siento decirlo pero yo en eso no estoy de acuerdo. Don Mario Alberto „así llamo a mi perro cuando me enfadó con él„ tiene una vida hecha con la ESPN y a su edad vive tranquilo y felizmente acompañado. ¿Traerlo a Valencia? Seamos sinceros. Valencia es estupenda, es una ciudad que no cambiaría por ninguna otra, pero alrededor de nuestro club de fútbol se vive con fatiga, siempre liados, follón tras follón, sin noticias que tengan que ver con la calma ni de la vida apacible. Y sí, me encanta ver a Mario Kempes. Pero prefiero que siga viviendo con su pareja allá donde anide la ESPN. Aquí, a su casa, que venga cuando quiera. Se lo agradecerá su familia valenciana. Pero que no se incorpore al Valencia al cien por cien. Que piense en él, en su vida y en su tranquilidad. Y que disfrute de toda su magia. Un grande... enorme. Mi ídolo de siempre.

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