ÁNGEL CASTAÑOS

Para correrlo a gorrazos

Nico tuvo la victoria en la manos y se la regaló a Lewis

28.10.2015 | 02:30

El gesto de Lewis Hamilton, lanzándole la gorra de segundo clasificado en el ante podio a su compañero Nico Rosberg, tuvo casi la misma elegancia como la que lució Elton John haciendo las entrevistas en el podio, vestido con un chándal. Es fácil entender que Nico con el calentón respondiera, al gesto de Lewis –al que previamente había felicitado– lanzándole de vuelta y con bastante mala leche la gorra, ignorándole durante el resto de la ceremonia de entrega de premios y tirándole puyas en la rueda de prensa. «Lo de la gorra solo ha sido un juego» dijo Nico, pero no sonó a eso visto en directo.

Rosberg puede estar enfadado y el domingo vio lo que inexorablemente se anunciaba desde hacía ya muchos grandes premios: su segunda derrota consecutiva en la lucha por el mundial a manos de su compañero. Su turno para la venganza, en este 2015, se ha esfumado faltando todavía tres carreras para acabar el campeonato. Pero su cabreo debe ser, especialmente, consigo mismo. Otra vez, falló la salida y después de una carrera loca, y de recuperar el liderato solo tenía que aguantar, cruzar la meta como ganador y esperar un milagro para seguir aspirando al título. Pero, inexplicablemente, Nico perdió el control del coche, la primera plaza y cualquier esperanza de seguir peleando ni por la victoria en Austin, ni por el título en 2015.

Resulta irónico que fuera Keke Rosberg, el padre de Nico, el que pusiera en su equipo de karting a Hamilton como compañero de su hijo, para que tuviera un buen «sparring»; una manera de mantenerlo despierto con el más duro de los rivales; una manera de fustigarlo, de correrlo a gorrazos, que años más tarde sigue persiguiéndole.

La consecución del tercer título, merecido sin duda alguna, desencadenó toda la liturgia que despliega Hamilton: sus genuflexiones y gimoteos, su mención a Ayrton Senna y la evocación de sus humildes orígenes. Nada nos pudo ahorrar todo eso cuando dejó de llover y los Mercedes volvieron a merendarse al resto de coches y Lewis corrió a gorrazos, una vez más, a su compañero, que no amigo, Nico Rosberg. Felicidades.

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