SALVA FOLGADO

El Tiburón, frente a su última gran dentellada

Me resisto a creer que esté acabado, tampoco comparto lo que dicen las malas lenguas respecto a que esté pasado de peso o que no se cuide lo suficiente.

05.02.2016 | 13:17

Entiendo que prefieras a Paco Alcácer. Yo también prefiero al de Torrent. A los dos nos acusan de defender a los de la Terreta y de atacar cualquier competencia que no figure en el mismo padrón municipal. Es el blablablá de siempre con los que destacamos que en el vestuario del Valencia, como en el de cualquier equipo, es positiva la presencia de jugadores que hayan mamado en Paterna. Cuestión de arraigo, cosa de sentimientos, que no garantizan que uno de Manises sea mejor que uno de Cuenca, por supuesto, pero que en momentos de necesidad suponen que el valenciano se revuelva de rabia y se rebele contra su suerte, porque se acuerda de sus raíces, y que el de fuera se encoja de hombros porque emocionalmente no hay vinculación alguna más allá de la económica. Esta postura mía, nuestra, a la gente no le queda muy clara. Nadie está defendiendo que el jugador criado en Paterna „ojo, valenciano o de Canarias, lo mismo da„ sea mejor que el que venga de Galicia. No es eso. Hablo de que en un vestuario es conveniente que estén bien presentes las raíces de la entidad y estas se encuentran, generalmente porque también hay casos de meninfotisme, en los jugadores de la escuela. En Paquito Alcácer se dan los dos casos: calidad contrastada y compromiso, porque lo han parido en la casa.

Pero estamos hablando de Negredo, otra vez. Desde que llegó no hemos dejado de hablar de él y de su rendimiento, todavía por debajo del gran delantero que fue. Uno de los líderes de la caseta, una de las niñas bonitas de Gary Neville dentro del vestuario, que ve en él al tipo que puede llevar la bandera en esta decepcionante travesía actual. Es fácil creer en Negredo si echas la vista más allá de la temporada pasada. Es complicado recuperar la fe en el vallecano si sólo te centras en su etapa en el Valencia CF. Pero, con Alcácer lesionado, no queda más que esperar a que el Tiburón vuelva a pegar dentelladas como las de antaño y a ser posible que lo haga este jueves, rodeado de agua, en el archipiélago canario.

Me resisto a creer que esté acabado. Tampoco comparto lo que dicen las malas lenguas respecto a que esté pasado de peso o que no se cuide lo suficiente. Me parece un tipo profesional. Ahora bien, ya no puede utilizar la coartada de las lesiones. Y la sombra de Nuno y el olvido al que lo sometió el portugués por desafiar su autoridad, tampoco lo cobijan a estas alturas. Es momento de volver a dar dentelladas, si no perderá toda credibilidad y su fichaje habrá sido un enorme fiasco. Está frente a su última oportunidad. Frente a su último gran mordisco.

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