JUAN DE DIOS CRESPO

Back to the USSR

Puede haber hecatombe rusa para Río

15.05.2016 | 23:31

La gran canción de los Beatles resuena una y otra vez tras haber conocido la denuncia del dopaje de numerosos atletas rusos en la Olimpiada de Sochi de 2014. No es cualquiera el que hablaba sino el ex director de la agencia antidopaje de Rusia, que lo fue durante una década. Esa ´vuelta a la Unión Soviética´ que cantaban los de Liverpool es lo que parece aquí, porque se trata de un auténtico guion de espías en plena guerra fría. Ni James Bond, en su ´Desde Rusia con amor´ puso mayor veracidad a unos hechos que, de ser ciertos, provocarán una auténtica hecatombe en la delegación rusa para los juegos de Río.

Nos dice el Dr. Grigory Rodchenkov, ese jefazo del antidopaje, que 15 atletas de la delegación rusa que obtuvieron medallas estaban dopadas y que, con el mecanismo habilitado por el Kremlin, se salvaron de ser expulsados y sancionados. Aparte de esos, había muchos más, pero como no fueron medallistas, ni los cuenta.

El buen doctor contó al New York Times que, como en todos los lugares donde se toman muestras, existe una habitación cerrada, a la que no tiene acceso más que el personal autorizada y que, para poder entrar, los agentes del servicio de inteligencia ruso hicieron un agujero en la pared (no muy tecnológico a lo que se ve) para ir sacando una a una las botellas de muestra de orina de los atletas sometidos a control.
Llegados a este punto, aún escépticos por el dicho agujerito, nos relata que esas botellas eran llevadas a un centro cercano y cambiadas por otras con una orina perfecta, tomada meses antes a los atletas. Como se ve, una operación de gran envergadura, donde los medios técnicos y económicos del Estado fueron puestos a servicio de la propaganda deportiva.

Y es que, como todos sabemos, el deporte es poder y cuanto más poder deportivo demuestras más grande es tu Estado. Lo hizo el bloque soviético, la URSS a la cabeza, con la RDA y Rumanía detrás y también China. Parece que asimismo Kenia, que está ahora sometida a una vigilancia tremenda por el COI y la IAAF por su débil programa antidopaje.

Pero, volvamos a Sochi y pongámonos en la piel de estos Ethan Hunt de verdad, y no el Tom Cruise de la saga Misión Imposible, agujereando la pared, obteniendo las botellitas y dando el cambiazo. Esas botellas son de la marca suiza Berlinger, que existe desde 1865 y que, desde Sidney 2000, es la proveedora de los envases para depositar la orina en las Olimpiadas.

La Sra. Berlinger, directora general de la empresa helvética, se ha quedado, según dice ella misma, «sin palabras» pero que no acaba de creérselo porque no puede admitir que su producto pueda ser abierto y reutilizado sin que se vea. Pero, también menciona, aunque de pasada, que existe un aparato, creado por la propia empresa, que puede abrirla y que cuesta 2.000 dólares. Luego, el problema sería cerrarlas de nuevo pero ya se ven visos de realidad en los que el Dr. Rodchenkov nos cuenta. Obviamente, tanto el gobierno ruso como el comité olímpico del país han puesto la voz en grito y han visto detrás de esto una conspiración contra los fuertes eslavos que iban a arrasar en los próximos juegos?
Sea cierto o no, el que el jefe del antidopaje lo cuente con pelos y detalles, y aun a pesar de parecer algo de película, queda un resquemor y un mal sabor de boca. Ahora habría que investigar en profundidad y si hay que sancionar a saco, se hace. Cada vez más vemos trampas, como la de la juvenil belga de ciclismo y su motor velocipédico, así que no sería de extrañar una manipulación urinaria, sobre todo hecha por quienes eran los amos del lugar.

Más difícil hubiera sido hacerlo fuera de tu casa, pero con el control de todo, no es irreal. Rodchenkov dice que en apenas dos horas se hacía toda la operativa y me imagino a los espías vestidos de blanco (para escapar a la visión en medio de la nieve de Sochi) entrando furtivamente, sacando las botellas y volviendo con la orina nueva, limpia de polvo y paja.

Lo último es lo que nos revela sobre la ingesta: se hacía beber el producto dopante mezclado con vodka, lo que es un buen detalle patriótico, pero se le añadía whisky, lo que ya es rozar la perversión, ¿o ya empezaba a traicionar el doctor dopaje?

Ya que estamos de espías, recomiendo leer ´Gris de campaña´, novela de Philip Kerr, el estimulante escritor escocés, aunque aquí hay más mojito y ron que vodka y whisky.

Lea más opiniones de colaboradores, aquí

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

síguenos cada día en... 

Enlaces recomendados: Premios Cine