12/10/2016

El imperio del caos

Ayestaran no acertó con el once

12.09.2016 | 22:09
El imperio del caos
El imperio del caos

Calor, emoción y fútbol trepidante vivimos ayer en Mestalla. Y victoria del Betis, que llevaba treinta años sin ganar aquí. Pero nada es imposible para Pako. Los sevillanos, de amarillo quizás como homenaje a los ocho kilos que le levantaron al Villarreal por N´Diaye, llegaban con un once remozadísimo. Adán, Joaquín, Castro y ocho más fichados a precio de ganga de vete a saber dónde. Aún y así, dejaron un marchamo de equipo organizado, elegante y que sabe a lo que juega. De los locales no se puede decir lo mismo.

Sin sala de máquinas
Ayestarán no acertó en el once. Como tantos otros, parece todavía desconocer las muchas limitaciones de Mario Suárez. Las tenía cuando dejó el Atlético y, al parecer, el tiempo las ha incrementado. Ayer fue un coladero en defensa y un peligro permanente para sus compañeros cada vez que recibía el balón. Si a esa cruel realidad le añadimos a Enzo Pérez, alocado e impreciso cada vez que subió el balón sin ton ni son y alejadísimo de la zona que debía cubrir cuando atacaba el rival, nos encontramos con que el centro del campo ayer local era un sembrado inmenso sin una sola valla. Alex Alegría (¿?) y compañía se presentaron como Pedro por su casa en el área de Alves cada vez que decidían echarse una carrera. Arreglado a medias el tema de los centrales „muy bien Garay pero ojito con Mangala que tuvo un par de cantadas preocupantes„, ahora hay que pedir a la FIFA que abra un poco la ventana para poder fichar a alguien que acompañe a Parejo. Lo suyo es soledad y no la de Simeón el Estilita.
Ni sistema ni gol

En lo que dependió de las pizarras, es decir hasta la expulsión de Enzo Pérez, el baile de Poyet a Pako fue parecido al que ya le diera Setién hace dos jornadas. De tal suerte que el Betis bien parecía el Villarreal de Marcelino y el Valencia, el Valencia de Pako. Es decir, una cierta efervescencia cuando se acercaba el balón al área rival „la desaparición de la ínclita tripleta Piatti, Alcácer, Feghouli es lo mejor que le ha pasado a este club en los últimos diez años„ y la desbandada total y absoluta, el caos universal cuando el contrario recupera el balón y hay que formar un entramado defensivo mínimo. Y por si eso fuera poco, el Betis tiene a Rubén Castro. El día que Santi Mina, al que hay que reconocer una sustancial mejora con respecto al que vimos antaño, sea capaz de plantarse como lo hizo el nueve del Betis en el primer gol visitante, no se echará en falta a un goleador. Hasta entonces, uno sigue haciéndose la pregunta de quién va a marcar los goles en este equipo. Garay se hizo un Otamendi, por cierto. La gente está tan hambrienta que ya hay quien le prepara las tres estrellas del coronel. Porque general solo ha habido uno y un buen día lo vendieron.

Burbujas y mazazo
El partido se moría tras la sonrojante expulsión del capitán Pérez „cuando te piensas que has tocado fondo, descubres que le han dado el brazalete a Enzo Pérez„ y el segundo gol bético, cuando dos cambios lo revolucionaron todo. Por un lado se incorporó Munir, que dejó en un rato unas cuantas pinceladas que abren una pequeña puerta a la esperanza. Por el otro, abandonó el verde Joaquín, que se llevó la mayor ovación de su vida en Mestalla. Los que, engañados, se echaron en brazos de la gacela argelina ayer tuvieron que claudicar. Por el gaditano entró Musonda, que fue de los mejores del Valencia a pesar de vestir la otra zamarra. Por un momento uno llegó a pensar que era N´Diaye. Pero no. Idéntico bronceado, diferente perímetro estomacal. Entre la electricidad aportada por la flamante cesión del Barcelona y el desconcierto en las filas béticas al ver correr un pollo sin cabeza donde antes daba un recital un exvalencianista regalado en su momento al Málaga, encontró Parejo los huecos para echarse el equipo a la espalda.

El Betis se empequeñeció, demostró que, en definitiva, su objetivo es la permanencia, y en medio de la algarabía de un estadio que a punto estuvo de levantar el vuelo impulsado por los abanicos de las acaloradas señoras allí presentes, se llegó a empatar el partido. Pero ni suerte tiene Pako. Que, eso sí, tiene a sus chicos estupendamente preparados en resistencia física. Ahora lo que les hace falta es un buen entrenador.

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