La suerte del principiante

El sensei valencianista sabe que en Carlos Soler tiene un Karate Kid

23.01.2017 | 22:06
La suerte del principiante

En la película The Karate Kid (la buena, la primera) el señor Miyagi está empanado intentando atrapar una mosca con dos palillos. Algo tan difícil como hasta hace poco intentar mantener la portería del Valencia CF a cero. En ese momento llega Daniel Larusso, su jovencísimo aprendiz, y dice que lo quiere intentar. El japonés se ríe y le deja. ¡Clic! El chico acierta a la primera. «Suelte plincipiante», suelta el sensei, con el ego ofendido. Pero él sabía que no se trataba de eso. Se trataba de concentración. El chico llegó fresco y sin presión logró enfocar. Pues algo así ha pasado con el Valencia, en general, y con Carlos Soler en particular. El joven jugador aún tiene que crecer y Voro lo mima en hechos con la titularidad y en palabras con la parquedad en el halago. Pero el sensei valencianista sabe que tiene un Karate Kid para el momento de la verdad.

Lógica
Porque la suerte, como tal, no existe, o quizá existe pero es más controlable de lo que la gente cree. Se tiende a pensar que la suerte va por ahí, remolineando por las calles, como el viento. Una corriente de azar invisible que gira en cualquier dirección, como un anticiclón. Pero hasta las corrientes de aire obedecen a unas leyes físicas. Que no las logremos controlar nosotros no significa que no sean regidas por una ley lógica. La suerte en el fútbol existe, cómo no. Pero no estábamos en el pozo por haber tenido mala suerte. Estábamos hundidos por hacer las cosas mal. Como institución, somos como un capítulo del Ulises de Joyce. Indescifrable. Como equipo, porque nos faltaban dos elementos esenciales para ganar. Y Voro ha conseguido encontrar las claves de la ecuación.

Estadísticas
Si analizamos las estadísticas de la Liga Santander que ayer publicaba SUPER observamos que Villarreal y Valencia jugaron con números parecidos, favorables ligeramente a los primeros. Cinco remates a portería cada equipo. 20 el Villarreal en total por 13 del Valencia. 3 paradas de Asenjo y 5 de Alves. Muchos más pases los groguets (575) que los blanc i negres (395). 16 asistencias de los de casa y sólo 8 de los visitantes. 10 despejes en el área de la defensa amarilla y 28 del Valencia, que tuvo que sacar más cubos del área. 7 saques de esquina de los locales por sólo 2 de los visitantes. Empatados en tarjetas, dos por cada equipo. Aparentemente, la sensación sería que el Villarreal jugó mejor, y es cierto que la última media hora del partido el Valencia lo pasó mal.

X+Y
¿Dónde residen las incógnitas que otorgan la victoria a los visitantes en un partido tan parejo (valga la redundancia)? La ´x´ y la ´y´ de la fórmula del éxito fueron dos elementos: intensidad y concentración. Pocos datos las reflejan, pero uno son los balones perdidos: el Villarreal perdió 154 (también tuvo más posesión) y el Valencia 138. Otro dato son los balones recuperados: 67 los groguets, 72 los blanc i negres. Y el último son los kilómetros recorridos: 111 los de casa, 118 los visitantes. O sea, el Valencia mordió más, recuperó más, corrió más y se equivocó menos en el pase. Estuvo más concentrado que su rival y trabajó con más intensidad. El factor sorpresa también fue importante. Nadie, ni siquiera la afición, esperaba ese nivel de concentración desde el inicio.

Tran tran
Los rivales están habituados a que el Valencia salga al tran tran y en cuanto no le salen las cosas se desplome solo. Sin concentración ni intensidad, como si en el mercado de invierno traemos a Messi. Nada saldría bien. A tenor de la rajada de Enzo, también parece que faltaba esa intensidad y concentración en el anterior entrenador. El maestro estaba dentro del club, y sabía lo que necesitaba el equipo joven y voluntarioso pero perdido e indisciplinado. Y ello nos ha servido para dar el salto de la grulla en la clasificación. Ponemos a Deportivo y Alavés de salvapantallas con los tres equipos del pozo. Y de paso sacamos brillo a nuestros jugadores. Todos parecen mejores. Montoya es el perfecto espadachín aunque está entre algodones ahora. Enzo muerde con sentido. Parejo centrado. Y de Soler, ni hablamos. ¡El fichaje del año estaba en casa!

Invierno
¡Levantemos esa moral! Pero tampoco nos volvamos locos. Si el Villarreal nos mete una de las múltiples que tuvo, habría sido otro cuento y quizá otro final. Simplemente, cultivemos la intensidad y la concentración. Y ahora tenemos muchos días para concentrarnos intensamente. El siguiente partido es el lunes 30 contra la UD Las Palmas, y jugamos fuera. No importa. Más allá de lo que ocurra con la espada de Damocles que es ese partido pendiente contra el Madrid, es hora de que empecemos a ganar a los que sabemos que podemos ganar. Y a ser posible, encontremos un estilo. Ha sido el invierno más frío de los últimos años. Hacía un siglo que no nevaba en Dénia y Xàbia como lo ha hecho. ¡Olas de siete metros en el Mediterráneo! ¡Ha ganado Trump! Está siendo un año raro, raro, raro. Pero al menos ya sabemos cómo ganar: logrando mantener la portería a cero y marcando al menos uno más que el rival. ¿Existe el miedo en este dojo? ¡No, sensei!

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