Sin noticias de Dalport, llegados al día de hoy, es decir, cumplida la primera fase de la ampliación de capital, la era Manuel Llorente comienza de veras. El presidente, gestor de los que toman decisiones y ejecutan sin pestañear, se quitó anoche un peso de encima, el que le imponía la sombra de Dalport. Hasta pasado ese 21 de agosto que todos teníamos marcado en rojo en el calendario, Llorente no había querido (en muchos casos tampoco podido, como la mejora de Mata) tomar ninguna decisión que hubiera podido jugar luego en su contra y en la de su Consejo de Administración. Por ello sin haber dado motivos para acciones de responsabilidad social a las que aferrarse como clavo ardiendo Vicente Soriano y compañía, Llorente tomará desde hoy el mando del Valencia como hubiera querido hacerlo desde hace más de un mes. Sin ataduras ni pesquisas.
Llorente, que debe mejorar en las formas y en su rol como gestor de recursos humanos, entró en el club apagando luces, recortando de donde podía y tomando la matrícula de todo aquello que se movía por oficinas y por Paterna. Depositó en Emery toda su confianza y le dio dos de los dones más ansiados por cualquier entrenador: voz y mando. Le fichó un portero como pedía, le reforzó su cuerpo técnico como deseaba y tendrá a sus órdenes a los futbolistas que elija, aunque otros opinen lo contrario (caso de Jordi Alba, por ejemplo). Tras este derroche de autoridad en la figura del entrenador, Llorente exigirá cuentas a quien tiene que pedirlas: Emery se llama el susodicho.
Pero como no solo del presente vive un dirigente, desde hoy comenzará Llorente a trabajar en el futuro. Porque aunque tratándose del Valencia decir lo siguiente suena a osado, tenemos presidente para rato. En este sentido, y si un servidor no recuerda mal, al Piojo lo traspasó a la Lazio... en Noviembre.