El fútbol es tan sencillo como complejo. Con no encajar goles y tener de tu lado a gente como Villa, Mata y Pablo tienes prácticamente los tres puntos en tu casillero. Lo dicho, tan sencillo como complejo, y más hablando del Valencia, club al que le cuesta tanto o más dejar su portería a cero como poder mantener entre sus jugadores a varios de los nombrados. Por ello, la de ayer es una victoria del Valencia en su concepto más global, es un triunfo del Club de Fútbol Sociedad Anónima Deportiva, porque se forja tanto en el campo como en los despachos.
De César...
Vayamos desgranando el partidete de ayer. De todas las acciones de juego dignas de mención (que conste también que hubo fases en la que fue un tostón), quisiera comenzar hablando de una que igual sale poco o nada en los resúmenes de televisión, pero que para un servidor si no determinante en la victoria al menos sí fue clave. Me refiero el mano a mano que le ganó César a Piatti para bien de los de Emery. Dicho esto, y como no sé si fue antes el huevo o la gallina, la estadística dice que en cuanto ha reaparecido el veterano guardameta en nuestras vidas, el equipo ha dejado de encajar goles, si bien, en defensa de Moyà quisiera decir que al balear nunca le tocó disfrutar en Liga de estar rodeado de Navarro y Dealbert. Eso sí, de máquina el mano a mano de César.
...a Silva...
Y tras hablar de César, y antes de hacerlo de Pablo, mencionemos otro nombre propio: David Silva. El canario jugó infiltrado y me contó un pajarito, nunca mejor dicho tratándose de mi compañero Vicente Linares, que abandonó el estadio de los Juegos del Mediterráneo cojeando y con gestos de dolor. Silva se infiltró para jugar contra el Almería. Para que luego alguno insinúe que se borra algunos días.
... y tiro...
Por cierto, y antes de hablar de Pablo, mosqueo guapo el que pilló Alexis cuando se enteró que se quedaba fuera de la convocatoria.
... porque me toca
Y ahora sí, Pablo Hernández. Gracias a sus padres, al buen hacer de su representante, a Rafa Salom y por su puesto a los bemoles y valía que le pone el chaval, el Valencia tiene uno de los jugadores de más presente y futuro del fútbol español.
Una historia. Fue en el hall de un hotel de Valladolid donde el que era vicepresidente deportivo del club blanquinegro nos desveló a mi colega Eduardo Esteve y a un servidor que había ´fichado´ a Pablo. Nos contó como a ultimísima hora había podido repescarlo del Getafe, porque Ángel Torres se lo hubiera birlado de por vida al Valencia de no ser por el conocimiento de Salom, la predisposición de Mario Parri y la voluntad de Pablo, quien estaba loquito por triunfar en el Valencia.
Dos años después de la anécdota contada, Pablo marcó un gol inolvidable e hizo un partido para grabárselo y enseñarlo cual álbum de boda. Y lo mejor es que lo suyo no es amor de un día. El castellonense lleva semanas siendo de los más valiosos en cada partido. Y es que Pablo ha cogido el toro por los cuernos... y que no los suelte.