En las semanas previas a la Eurocopa de 1996 disputada en Inglaterra, los tabloides británicos sacaron a debate si Paul Gascoigne debía comandar la selección del Dios salve a la Reina o comenzar el torneo chupando banquillo. En los amistosos previos, Gazza no había dado su mejor versión y los columnistas debatían sobre si lo idóneo era que empezara el torneo como titular o suplente. Terry Venables, entonces seleccionador inglés, se encargó de zanjar el debate con una frase que decía algo parecido a que «la forma física va por rachas, la clase es eterna». Gascoigne fue el líder de la última Inglaterra que jugó una semifinal.
De la anécdota de Paul Gascoigne me quedo con la reflexión de Terry Venables, la cual extrapolo al actual Valencia de Emery. En los últimos días, a raiz de los tropiezos en Tenerife y Sevilla, se está hablando sobre si Villa, Silva, Mata y Pablo deberían chupar un poquito de banquillo para sentir el hierro y con ello morder en futuros partidos más de lo que lo hicieron en los dos últimos. Desde luego que los cuatro bajitos pueden ser carne de banquillo, como todo hijo de vecino que se dedica al fútbol, aunque si uno de los cuatro se quedase fuera no debería ser por castigo sino para premiar a quien estuviera mejor que ellos, cosa que en el actual Valencia solo ocurre si Joaquín está sano y enchufado, a la espera lógicamente de que Unai Emery nos deje ver si el Chori Domínguez es tan bueno como lo era en Rusia.
Quisir, sin partidos entre semana y con el club movilizado para atar en corto la Champions —Virgencita, virgencita, que me quede como estoy...—, ante el Valladolid deben jugar los mejores, y Villa, Silva, Pablo y Mata lo son. Eso sí, los cuatro deberían reflexionar sobre por qué hay un debate abierto entorno a ellos... y después taparnos a todos la boca con su fútbol. Quisir?