Es un partido el de mañana en el que Emery se juega más que los jugadores. Es un partido por lo tanto para calibrar hasta qué punto están los futbolistas con su entrenador. Públicamente todos han dicho que si fuera por ellos renovarían al míster, que todos están en el mismo barco, blabla, blabla, blabla... ¿Qué iban a decir si no con un micrófono de por medio? No estoy diciendo con ello que todos dijeran lo contrario a lo que piensan, sí que dijeron lo que tocaba, lo que tenían que decir, lo cual puede también coincidir con lo que piensan. Ahora bien, es en el campo donde mejor habla un futbolista y donde dice sin palabra alguna lo que realmente piensa. Y el del Brujas es un partido para ´gritar´. Y que conste en acta que por encima de todos el que más se juega es el Valencia, único e indivisible.
La de mañana es una noche para vengarse de los puñeteros jugadores belgas —a los que les tienen ganitas—; para colarse en la siguiente ronda y también para que los jugadores le echen un capote a su entrenador... o le pongan la zancadilla. A fin de cuentas, Emery oposita para su renovación en Liga y suma/resta puntos en Europa. Y ante el Brujas tiene mucho que perder y poco que ganar. La petición del presidente hace una semana era resolver la eliminatoria en territorio belga, lo que significa que da por hecho que se tiene que pasar de ronda. Queda claro por lo tanto que Emery no se habrá ganado el cielo con sólo eliminar a los belgas. Es más, uno diría que desde el club se comenzará a valorar la andadura europea a partir de cuartos de final (esta ronda y otra más), cuando los patrocinadores se hacen de querer y los dividendos comienzan a ser relevantes. Incluso el propio Emery se fijó jugar la final como objetivo («y las finales se juegan para ganarlas»). Pero, más allá de rondas, el del Brujas es uno de esos partidos que evidencian el grado de implicación.