Cuando un equipo no se pone límites puede llegar hasta donde ni se imagina». Esta frase es de Mauricio Pellegrino, un tipo que sabe de fútbol y que conoce la idiosincrasia del Valencia. El Flaco lo decía haciendo referencia al VCF del doblete, en un reportaje realizado por Canal 9 para conmemorar el 90 Aniversario del Valencia CF que volví a visionar recientemente.
En catorce palabras, Pellegrino da forma al espíritu de aquel equipo, la versión más ambiciosa de lo que se conoce como ir partido a partido, una forma de ser que le ayudó a conquistar la Liga y la UEFA. Aquel equipo, como todos los del Valencia, no tenía por obligación que ganar nada, si bien, nunca se cerró las puertas a luchar por todo. Lo que hizo aquel equipo fue, simplemente, jugar cada partido como si fuera el último y «no ponerse límites». Resulta que luego ganó dos Ligas y una UEFA y lo hizo, entre otros motivos, porque no paró de acosar al Madrid de Zidane, Figo y Ronaldo —que rivales también tenía— y cuando fallaron, allí estaban Albelda, Baraja, Marchena y compañía.
Pellegrino continúa con su reflexión: «Ese equipo tenía calidad, tenía fuerza pero sobre todo tenía cabeza y por ahí vino el éxito». El Valencia de Emery tiene la misma o más calidad, puede que menos fuerza, aunque la diferencia está en la cabeza, y eso tiene solución. Emery —quien trabaja mucho y bien porque de lo contrario uno no suma 39 puntos— tiene que apretar más a sus jugadores y ellos ser más ambiciosos en tardes como la de Tenerife, campos en los que ganan o pierden los futbolistas. Queda toda una vuelta para querer luchar por algo más que por ser terceros y para no ponerse límites en Europa. Si luego Barça, Madrid o cualquiera de los rivales europeos son mejores, pues enhorabuena al campeón... y al Valencia.