Ahora resulta que los hay que ven mal gastarse dinero en fichajes como el de Topal. En cambio, esos mismos, no dijeron nada por la comisión que hubo que pagar a los agentes para que el Chori llegara en enero. ¡Qué casualidad! Que uno sepa, la economía del Valencia estaba tan mal entonces como lo está ahora. Es más, que uno sepa, la deuda del Valencia es de tal calibre que aún vendiendo a Villa y Silva —aunque fuera por una oferta escandalosamente escandalosa— las cuentas del Valencia seguirían cogidas entre alfileres. Los males financieros del club solo se solventarían con otro perfil de operación, llámese venta de Mestalla. Sin ella u otra parecida, lo único que se evitaría con el traspaso de un Villa o un Silva sería entrar en causa de disolución —que no es moco de pavo, aunque uno a eso le llama parche, no solución—.
Con lo dicho, ni critico lo que hubo que pagar por traerse al Chori —pese a su injustificado calentón sigo pensando que cuando le de por jugar la va a romper, o eso espero— ni creo que se acabe el mundo si Villa o Silva acaban marchándose —aunque ojala se queden... siempre que lo hagan con hambre—. Tampoco quiero hoy deprimirles con lo mal que está económicamente el club. Además, por lo uno sabe, los ejecutivos con nómina tienen previsto dar explicaciones del estado de la nación cuando el curso deportivo llegue a su fin. Será cuando les preguntaremos al respecto de cosas más transcendentales que la continuidad o no de Emery.
Pero a lo que iba, el Valencia es un club de fútbol y como tal tiene que pensar. Reforzarse es una obligación, sea con Topal o con Topel —lo que hay que hacer es acertar—. De poco sirve jugar la Champions si al año siguiente quedamos octavos y si la jugamos es para competir en el campo, no solo para hacer caja. Porque para eso vendemos a todos y montamos un Mercadona.