Cuando Pako Ayestarán comunicó de manera oficial a Manuel Llorente que no iba a seguir en el Club, el presidente delegó la contratación del preparador físico en quien corresponde, es decir, en Unai Emery. Como quiera que el ex del Liverpool cobraba una ´pasta´ en su regreso a Mestalla, en el fichaje de un nuevo ayudante para Emery no se iban a poner trabas económicas por más que en esos tiempos estuvieran vendiendo a Villa y negociando por Silva, entre otros motivos porque ninguno se acercaría a las cantidades de Ayestarán y a fin de cuentas Llorente estaba dispuesto a continuar con el ex de Benítez. Lo dicho, el presidente dejó en manos de Emery la llegada del nuevo preparador físico. Podía tanto apostar por un hombre de la casa como buscar en el mercado. Desde un principio, Emery tenía claro que iba a apostar por un híbrido, es decir, ficharía a un primer espada y apostaría, como la última campaña, por Juan Torrijo. ¿Por qué quería incorporar a uno de fuera? Básicamente porque el técnico consideraba que los jugadores iban a respetar más las órdenes de uno nuevo que de uno de la casa, dejando en manos de Torrijo el rol de poli bueno que sirve para amén de trabajar hacer vestuario. De entre los preparadores físicos que había, Julen Masach cumplía con el perfil que quería Emery. Masach, además, tiene excelente cartel en el País Vasco y Emery lo conoce como buen vecino de Hondarriba que es.
Por todo ello fue fichado Julen Masach, un preparador físico que además conocía Paterna y los entresijos del Valencia—estuvo unos meses con Quique S. Flores—. Durante las últimas semanas, Masach ha estado en permanente comunicación con Ayestarán, por lo que ha aterrizado con informes bajo el brazo. Cuentan que los métodos son parecidos, en parte porque Masach ha evolucionado.