El gol de Roberto Soldado en el estreno del Valencia ante el Al Hilal quitó protagonismo mediático a Jeremy Mathieu, aunque no logró quitárselo a ojos del cuerpo técnico ni tampoco de la secretaría técnica. El lateral francés es para todos ellos un ejemplo y un referente de cara a las nuevas incorporaciones, en especial las de futbolistas que por diferentes motivos necesitan de un periodo de adaptación mayor que los Soldado o Aduriz, como son Tino Costa, Topal, Feghouli y Ricardo Costa.
Mathieu aterrizó en Valencia sin pajotera idea de castellano, como Topal y Feghouli, y acostumbrado a un fútbol diferente al español, como les sucede a Tino Costa o Ricardo Costa. El lateral francés, además, era un auténtico desconocido para el gran público y llegaba con el cartel de fichaje a coste cero, el cual por mala costumbre parece que suena a futbolista ramplón.
A Mathieu le costó de primeras pero pronto quitó la razón a los incrédulos, hasta el punto de que el francés fue una de las revelaciones de la Liga hasta que un belga al que pasó de poner nombre se lo cargó en una noche de Brujas. Aquella lesión alteró y mucho los planes del cuerpo técnico de Emery, porque Mathieu le daba lo que desea de un lateral: seguridad en defensa, presencia y profundidad. Sólo hay que recordar la de jugadores que probó en dicha posición hasta que se encontró con Jordi Alba.
Mathieu volvió a jugar un partido con el Valencia el domingo en Mosrka Sokoba. Lo hizo además marcando el primer gol del Valencia de la pretemporada. Y ello en un partido en el que lógicamente jugadores como el Tino Costa o Feghouli tuvieron una actuación menos destacada de lo que la afición quisiera haber visto en su debut. Pero paciencia y tranquilidad, que todo se andará. Y si no, pensemos en lo que fue y es Mathieu.